La mentira de las redes
Nunca hasta ahora había quedado tan clara la verdadera naturaleza de las redes sociales, siempre envuelta en mística y en falsos discursos de democratización de la información. La irrupción de Elon Musk en el ecosistema a golpe de talonario ha puesto patas arriba todos los argumentos.
Musk, el hombre más rico de mundo que forjó su imperio gracias a su agudeza empresarial en Sillicon Valley y a los ingentes recursos ganados por sus papás explotando minas y mineros en Zambia, se compró twitter por algo más que el valor del PIB boliviano en este 2022 y lo hizo por la razón por la que los multimillonarios se compran estas cosas: como juguete, pero de poder.
Twitter no es la red social más multitudinaria del mundo, de hecho, con unos 400 millones de usuarios en todo el mundo, está muy lejos del gigante Facebook, que roza los 3.000 millones, o de Tik Tok, que es la que más viene creciendo y ya ha superado los 1.000, sin embargo, tiene una peculiaridad: twitter es la red de la política y el periodismo por excelencia y por ende, la red que más influencia genera en la vida real.
Queda la convicción de que el periodismo es local y que es confiable en tanto se guía por los principios constitucionales y comparte oficinas, micro y penurias con los mismos ciudadanos a los que reporta
Sus primeras medidas han sido sonadas: ha despedido a un tercio de la plantilla, ha hecho de pago algunos elementos que servían para garantizar la credibilidad de la fuente y la visibilidad, y, finalmente, ha empezado a purgar cuentas que a él personalmente no le gustan. Es decir, ahora, quién más paga, más posibilidades tiene de verse en la plataforma – nada diferente a lo que los políticos y empresas buscan en los medios tradicionales con su publicidad -, pero sobre todo, ha mandado un mensaje a sus críticos cerrándoles las cuentas a connotados periodistas que seguían su actividad, así como la cuenta parodia que seguía su avión en tiempo real, un abuso de poder que evidentemente colisiona con aquellos ideales de horizontalidad e igualdad con las que se predicaba sobre las redes sociales.
Algunos dirán que es un modelo de negocio, y es verdad, Elon Musk tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana con su medio, pues es evidente que se aprovecha de que no hay una alternativa a esa red para que los periodistas y los ciudadanos participen en la conversación de una forma más directa, pero no se puede olvidar que ese modelo de negocio está influyendo en el pensamiento de todos sus usuarios de una u otra manera.
Los que querían una plataforma para hablar directamente a los ciudadanos sin intermediación de los periodistas se acaban de dar cuenta que solo lo podrán hacer si sus mensajes están en la línea de lo que los dueños de la red crean, y los que aseguraban que cualquiera podía informar a cualquiera también tienen cada vez más claro que, sin previo pago, nadie te ve.
Tal vez es tirar de corporativismo, pero el ensueño de ser tu propio periodista ha pasado a la historia y frente a eso, solo queda la convicción de que el periodismo es local y que es confiable en tanto se guía por los principios éticos y constitucionales, y en tanto comparte oficinas, micro y penurias con los mismos ciudadanos a los que reporta.
Apoyar el periodismo independiente y de calidad, sostener un medio al que se le pueda exigir, sigue estando al alcance de la mano. Sin duda, nuestro esfuerzo es depender cada vez más de ustedes y no de ningún multimillonario que no sabe ni donde está Tarija ni le importan sus problemas.
Gracias siempre por seguir confiando en nosotros.


