La lentitud de YPFB

El sector está a la baja, encerrado en una suerte de pesadilla circular: no hay inversión porque no hay mercado y no hay mercado porque no hay inversión, las reservas caen, los contratos se agotan, las alternativas son costosas

En un momento especialmente crítico, el silencio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) resulta exasperante incluso para los propios estamentos de gobierno. Desde hace demasiado tiempo, YPFB se ha dedicado a administrar contratos menores y no evidencia un plan más allá del que supuestamente era de emergencia, el plan de reactivación, del que sin embargo apenas se han completado unos pocos proyectos allí contemplados.

La Constitución le reserva a Yacimientos un papel central en el desarrollo del país asentando soberanía, un rol de liderazgo que contribuya a la transformación del país con industrialización y proyectos ambiciosos. Sin embargo, últimamente apenas lidera la entrega de redes domiciliarias de gas o el reparto de Juancito Pinto. Poco bagaje para una super - empresa.

El negocio de los hidrocarburos está en plena ebullición. La “extinción” está cerca en tanto ya hay fecha para implantar el coche eléctrico en toda Europa: 2030, además de muchos avances en proyectos de hidrógeno verde, baterías de litio, etc., sin embargo, el gas es el gran indultado en esta apuesta: sus condiciones menos contaminantes han permitido que los diferentes organismos concedan una suerte de moratoria en su eliminación, pero tarde o temprano, se obligará a su abandono.

Esta última llamada, que viene ya de 2020, debería haber puesto en guardia a Yacimientos, haber tomado decisiones, haber iniciado proyectos y, en definitiva, haber aplicado un plan propio para aprovechar ese último tren, pero por el momento, apenas se apuran remiendos y viejas estrategias.

El sector está a la baja, encerrado en una suerte de pesadilla circular: no hay inversión porque no hay mercado y no hay mercado porque no hay inversión, las reservas caen, los contratos se agotan, las alternativas son costosas. Ni siquiera se ha podido culminar con los proyectos de industrialización del plástico con la petroquímica de Yacuiba. Al contrario, todo ha quedado en una suerte de terreno de nadie, con inversión ejecutada a medias que nadie aprovecha en su totalidad. ¿O para qué sirve una planta separadora de líquidos que solo aprovecha GLP con la demanda nacional cubierta?

El exministro Luis Alberto Sánchez hablaba de un “corazón energético” de Sudamérica; de un mar de gas bajo nuestros pies - en abierta referencia al gas no convencional que debía ser extraído con técnicas como el fracking – y también de entrar al galope en las reservas naturales para vaciarlas de gas. No estaba claro cuál era el objetivo de todo aquello, pero al menos era un plan.

Yacimientos debe empezar a dar certezas de que sabe lo que quiere hacer con los recursos del país y consigo mismo, el Estado necesita esas certezas en un momento de alta volatilidad mundial, ahora que somos más dependientes del mercado financiero y cuando nuestro presupuesto se cuadra a base de renta petrolera y deuda externa.

No es momento de esconderse.


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