El papel central de las bodegas
Si bien es cierto que las principales bodegas del departamento son iniciativas privadas, no es menos cierto que son embajadoras de lo tarijeño, y viceversa, y la cooperación es inevitable
El año se despeña por su último mes y ni bien pasemos la hoja del calendario, la vendimia 2023 se vendrá encima, es decir, quedan pocos días para el acontecimiento económico más importante de Tarija donde todos los sectores están y estarán de alguna manera involucrados.
Después de seis años de recesión, Tarija ha vuelto a la senda del crecimiento económico y en ese camino, apuntalar toda la cadena de a uva, el vino y el singani es clave. Esta cadena es la que genera de forma directa e indirecta más puestos de trabajo y la que capta más recursos. Se estima que toda la cadena mueve unos 150 millones de dólares, más o menos la cifra de regalías que llega al departamento.
El sector está madurando y en los últimos años se han implementado algunos hitos que deben ayudar a que el negocio sea aún más exitoso. Por ejemplo, en lo que respecta a la uva de mesa, las cámaras de frío deben contribuir a ampliar la temporada de consumo de uva al menos hasta mayo y de esa forma, sostener los precios, al igual que el trabajo minucioso que se ha hecho para abrir nuevos mercados en Bolivia y en el extranjero, pues se espera que tras dos años de experiencias más o menos piloto, en este 2023 se consolide el mercado paraguayo.
Los productores del valle central apuestan siempre por la venta como uva de mesa por motivos de rendimiento; el precio siempre ha sido más alto en la venta directa para el consumo humano que para su transformación en vino, sin embargo, el incremento de la producción gracias a la investigación de las variedades más propicias y al sistema Cenavid – Guadalquivir – Calamuchita, que incorporó otras 2.000 hectáreas bajo riego, ha provocado cierta saturación del mercado que derrumba los precios.
La salida pasa por la elaboración del vino de todas las calidades y variedades siempre bajo el paraguas protector de la denominación Vino de Altura de Tarija, cepas a casi 2.000 metros de altitud que tienen el potencial de llamar la atención a nivel mundial, al menos por lo exótico de la propuesta.
Manejar el producto embotellado tiene evidentes ventajas comerciales para su venta nacional e internacional, donde se deben concentrar muchos esfuerzos. Los estudios de las revistas especializadas señalan que frente a los 24 litros por persona que se consumen al año en países como Chile, Argentina y Uruguay, en Bolivia apenas llega a 1,7 litros por persona al año.
Si bien es cierto que las principales bodegas del departamento son iniciativas privadas, no es menos cierto que son embajadoras de lo tarijeño, y viceversa: cada tarijeño promueve sus caldos con devoción entre quienes recién se aproximan. En esas, fomentar las sinergias positivas entre productores y bodegueros es una tarea común que finalmente retribuye a toda la cadena.
No hay mejor vino que el que se elabora en armonía con su ambiente y con su gente, el que se crea para ofrecerse como seña de identidad. 2023 debe ser un año de franca expansión.
Destcado.- No hay mejor vino que el que se elabora en armonía con su ambiente y con su gente, el que se crea para ofrecerse como seña de identidad


