Los caminos de Tarija y del Chaco
Que cada cual se encargue de resolver sus problemas seguramente también será una buena oportunidad para evitar suspicacias y rencillas, pero vivir de espaldas no es una buena solución
La relación de Tarija y el Chaco ha dejado de ser un asunto de debate. La autonomía regional ha prácticamente cerrado una tensión que llevaba demasiados años supurando pus aprovechándose del victimismo por un lado y de cierto sectarismo por el otro. La excusa fácil para no hacer nada ha dado paso a la obligatoriedad de las autoridades de turno de trabajar con lo que hay, y eso supone un cambio de paradigma importante en un departamento tan pequeño como Tarija.
En asentar esta nueva dinámica ha contribuido, por un lado, la determinación del gobernador Óscar Montes de no interferir en la Región Autónoma, de respetar su autonomía en tanto las cuentas estén claras, y desde la perspectiva política, en no buscar votos en un territorio con unas señas de identidad muy arraigadas, incluida su forma de hacer política.
No conviene olvidar que la población de Tarija sigue siendo apenas un 5 por ciento del total nacional
Así, el Chaco tiene su propia agenda centrada en resolver los pequeños problemas del día a día y proyectar algún tipo de sostenibilidad en los asuntos agro ganaderos, lo que para algunos analistas evidencia una falta de ambición palmaria. A esto se le une su difícil coyuntura política. El Chaco está plagado de autoridades del Movimiento Al Socialismo (MAS) que arrancaron promesas para su conversión pero que en modo alguno se han visto correspondidas. Con todo, la precariedad de las cuentas de la Región Autónoma, igualmente comprometidas en docenas de obras no ejecutadas por la caída de regalías sostenida desde 2015, no permite a estas autoridades otra cosa que esperar la buena voluntad de sus aliados o correligionarios de partido para poder mostrar algo de gestión.
El hecho de que la relación se haya enfriado seguramente ayude a la reflexión. Que cada cual se encargue de resolver sus problemas seguramente también será una buena oportunidad para evitar suspicacias y rencillas.
Vivir de espaldas, en cualquier caso, no es una buena noticia ni para el Chaco ni para Tarija, dos regiones pequeñas y necesariamente complementarias que tienen que encontrar cauces de entendimiento que permitan construir un futuro conjunto y beneficioso para todos.
El potencial industrial y agropecuario del Chaco y la posición logística de una Tarija dotada de los servicios necesarios son una base para empezar a construir precisamente esos proyectos que requieren atención.
No conviene olvidar que la población de Tarija sigue siendo apenas un 5 por ciento del total nacional; que su capacidad de influencia política depende exclusivamente de la capacidad de sus políticos. El problema de estar divididos es que la convierte en territorio vulnerable y accesible para intereses transnacionales capaces de sembrar la discordia para salir ganando.
Los proyectos tardan en madurar, por lo que no conviene dejarlos para mucho más allá. La nueva paz instalada entre los poderes ejecutivos debe ser un periodo de transición hacia un nuevo entendimiento centrado en los proyectos en común. Es hora de idearlos.


