Una mejor Policía

Para el 9% genera una confianza regular, el 28% le tiene baja confianza y el 63% le tiene una muy baja confianza. Nadie entre todos los encuestados le tiene alta o muy alta confianza

Que la Policía boliviana tiene vida propia no es ningún secreto, pero desde luego, alguien debería ponerse a reflexionar sobre la gravedad de tener un ente encargado de la seguridad pública que genere tan poca confianza entre los ciudadanos.

Un reciente estudio de la Fundación Friedrich Ebert (FES Bolivia) desnuda importantes percepciones sobre el actual contexto y escenarios prospectivos en el país, entre ellos, consulta por la confianza que despiertan las instituciones bolivianas entre sus ciudadanos. Para el 9% genera una confianza regular, el 28% le tiene baja confianza y el 63% le tiene una muy baja confianza. Nadie entre todos los encuestados le tiene alta o muy alta confianza y solo tiene peor percepción el sistema judicial, al que el 71% le tiene muy baja confianza y un 20% solo baja.

El dato es demoledor en todos los contextos. La institución que debe proteger a los ciudadanos no genera ninguna confianza. A eso han contribuido décadas de coimas, extorsiones y abusos de poder en todo tipo de situaciones hasta que se han interiorizado como práctica permanente al margen de que efectivamente sí existan buenos oficiales que cumplen su labor con vocación de servicio.

Décadas de coimas y servilismo político han dañado a la institución que debería protegernos a todos

A esta desconfianza permanente que tiene que ver con el trato diario con los ciudadanos y que es por demás preocupante, se le ha sumado la irremediable percepción política de sus actividades, aumentando más desesperanza a la población.

Lo sucedido en los últimos días en el departamento de Santa Cruz es una evidencia de ello, pues casi en todos los casos se ha protegido a una parte de la población respecto a la otra, sin mayor coherencia. Las acusaciones concretas de protección a los movimientos sociales afines al Movimiento Al Socialismo (MAS) han proliferado, y lo cierto es que las imágenes que acompañan a las denuncias justifican las afirmaciones.

Lo curioso es que se trata del mismo cuerpo policial que hace solo dos años era vilipendiado por los que hoy son los supuestamente protegidos, mientras que los otros los consideraban los héroes del movimiento cívico que había acabado por derrocar al gobierno de Evo Morales. Unos nombres arriba y otros abajo, el propio cuerpo no ha permitido una purga generalizada de sus diferentes promociones, sino apenas una intervención quirúrgica y limitada.

La Policía boliviana necesita una refundación. Necesita construirse desde el Estado de Derecho y la convicción de prestar el servicio a los ciudadanos. Es urgente alejar esas lógicas militarizadas de subordinación y comprometer a cada oficial con la integridad de la Constitución Política del Estado.

Obviamente hace falta que los policías estén en mejores condiciones vitales para dedicarse a su trabajo sin otras preocupaciones que las propias del oficio e invertir en mejores infraestructuras, etc. En cualquier caso, no es negociable el esfuerzo para conseguir que los ciudadanos confíen en su Policía. Ahí se hace ineludible despejar el panorama de corruptos e inmorales. Ni el ministro ni el presidente deberían mirar para otro lado.


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