La vanguardia de la basura en Tarija
Johnny Torres debe encontrar todo el respaldo para madurar y ejecutar un proyecto serio que garantice un servicio de tratamiento de residuos puntero que sea orgullo de la ciudad
Uno de los grandes problemas para el desarrollo urbano de Tarija ha sido la incapacidad de sus gobernantes, tanto a nivel municipal como departamental, de tomar las decisiones oportunas mirando por el bien común y no solo por el cálculo electoral de corto plazo.
Así, durante décadas se ha mantenido un botadero municipal en el corazón de la ciudad y en una de las zonas más propicias para la expansión de la ciudad como medida contra la desertificación, o unas lagunas de oxidación, en la misma zona más o menos al frente. En ambos casos el castigo a los ciudadanos que se acercaron hasta la zona atendiendo a las promesas de traslado de unos y otros es grande, pues no solo es económico – especulativo, sino que está afectando a la salud de los habitantes de una zona donde no se debía haber permitido habitar.
Sin embargo, no ha habido tantos miramientos para trasladar otras infraestructuras menos molestas y poco amenazantes para la salud – y sí para el bolsillo – como la terminal de buses o la infinidad de ferias que se desarrollan en la ciudad.
La pelota está ahora en el tejado del alcalde Johnny Torres Terzo, que efectivamente no tiene ninguna culpa de que el traslado haya demorado más de una década ni de que la montaña de basura sea tan grande que amenace colapso en cualquier momento, aunque sí ha pecado de optimista en más de una ocasión para manejar los plazos.
Lo importante hoy por hoy es darle viabilidad y fecha cierta, y eso hay que hacerlo en positivo y no a la contra. Creer per sé que desvelar el emplazamiento traerá un conflicto político – en este caso mayor al de mantenerlo más tiempo en el mismo lugar – es un error, pues ese exceso de celo contrarresta las bondades de un proyecto que no es un nuevo botadero sino un Centro de Tratamiento de Residuos Sólidos que elimina olores – aunque ya de por sí la basura en Bolivia tiene muy poco contenido orgánico -, genera puestos de trabajo y dinamiza un sector industrial importante en este desafío que plantea el cambio climático.
Al final, no hay truco: la gestión de los residuos sólidos en todo el mundo es uno de los negocios más interesantes para grandes transnacionales y empresas porque reporta grandes beneficios y es bastante puntual en el retorno: no hay gobierno municipal que resista mucho tiempo una huelga de recojo de basuras. Así, el servicio y cada uno de sus ítems necesarios para prestarlo están perfectamente definidos en tiempo y costo y no tanto la cantidad de usuarios que se benefician de ese servicio y que se paga a través de la factura de servicios eléctricos de Tarija.
Definir por tanto el modo de gestión del futuro es clave, pues no es lo mismo mantener un servicio público, por muy descentralizado que esté, que contrata los trabajadores, compra la flota de vehículos y define qué hacer con lo recogido; que lanzar una licitación internacional planteando el servicio por el que se va a pagar y saber cómo se va a pagar.
La gran seña de identidad de Tarija, “marcas de ciudad” aparte, siempre ha sido su belleza y limpieza en comparación con otras ciudades de Bolivia. En esas, Tarija no debe escatimar esfuerzos. Johnny Torres debe encontrar todo el respaldo para madurar un proyecto serio y vanguardista que garantice un servicio puntero que sea orgullo de la ciudad sin más presiones ni cálculos políticos. Pensar en el futuro es lo que toca.


