La Dignidad de cuidar

La dependencia en Bolivia es una categoría de difícil catalogación, pues sin red de protección social más allá de la familia, cada cual se busca la vida: el Estado debe dignificar al dependiente

Cada 5 de noviembre desde el 2014 se celebra el Día Internacional de las Personas Cuidadoras, una iniciativa que rinde homenaje a las personas cuidadoras, profesionales o familiares, y que, a la vez, trata de concienciar ante los gobiernos sobre las necesidades de este colectivo cada vez más numeroso… y bien olvidado.

Una persona cuidadora es aquella que brinda el apoyo requerido para el cuidado de otra persona que se encuentra en situación de dependencia, ya sea de manera transitoria o definitiva, para satisfacer sus necesidades básicas y contribuir a la mejora de su calidad de vida. Se trata básicamente de contribuir a la dignidad de la persona cuidada.

Evidentemente hay dos categorías: el cuidador profesional, que cobra una remuneración, a menudo insuficiente, para cuidar a un gran dependiente, y el cuidador familiar, que por lo general sacrifica parcelas de su vida personal para atender a la persona dependiente.

Siempre hay medidas que pueden contribuir a la dignidad de una población que hay que cuidar por motivos humanos esenciales

Por lo general no se hace referencia en esta categoría a las personas que cuidan bebés en sus primeros años de vida, que tiene su propio espacio reivindicativo en relación a las semanas necesarias de baja laboral y a la igualdad entre hombres y mujeres en estos menesteres, por ejemplo, sino a quienes cuidan de personas con problemas de movilidad u otro tipo de discapacidad y que por ende, necesitan atención las 24 horas del día, o sobre todo, las que se dedican al cuidado de personas mayores.

En esta categoría del cuidador familiar se evidencia, en demasiadas ocasiones, la constitución social machista y es también una de las bases de la desigualdad presente y futura, y es que, por “principio” general, son las mujeres quienes renuncian a sus aspiraciones profesionales para hacerse cargo de un gran dependiente, incluso cuando son padres del otro miembro de la pareja.

La dependencia en Bolivia es una categoría de difícil catalogación, pues en un país sin red de protección social más allá de la familia y donde nadie puede permitirse el lujo de no trabajar ni un mes seguido, quien más quien menos encuentra un lugar donde ser útil o, por otro lado, el propio sistema sanitario acaba por dictar sentencia ante la imposibilidad de tratar dolencias de mayor envergadura.

El asunto entre personas mayores es aún más complejo, pues es demasiado común admitir que en este país se trabaja hasta morir si es que se quiere hacer con cierta dignidad, porque un bono de 300 bolivianos no alcanza apenas para desayunar caliente todo el mes. Los Hogares son escasos y mal vistos y contratar a un profesional es impensable.

Es seguro que en este país aún no podemos pensar en que el Estado pueda hacerse cargo de todos los individuos y su bienestar hasta el último de sus días, peor si apenas ha habido formas de conseguir que tome las previsiones oportunas, sin embargo, siempre hay medidas que pueden contribuir a la dignidad de una población que hay que cuidar por motivos humanos esenciales.


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