Hidrocarburos de terror
Probablemente todo el sector de hidrocarburos necesita una purga para eliminar los vicios y abrazar nuevas normas de hacer las cosas
Si algo está lleno de muertos vivientes en Bolivia es la política hidrocarburifera nacional, sin duda un escenario de terror colmado de trampas, sustos y compañías espeluznantes que dejarían chico a cualquier evento de Halloween.
El principal fantasma es el de la nacionalización, muerta joven para dejar un lindo cadáver que agitar en tiempos de fervor nacionalista, pero que fue acuchillada por aquella negociación in extremis que rescató contratos, creó anexos para camuflar gastos “reservados” y recuperó a Repsol como amiga preferente.
Una de las frases pesadilla recurrente es la de “seguridad jurídica” que usan como eufemismo aquellos que quieren dejar vía libre a las transnacionales y que otros repiten junto a lo de que invertir en exploración es mucho riesgo que no se puede asumir.
De vampiro o Conde Drácula haría YPFB por esa enorme capacidad que tiene de crecer en números de gasto y personal sin que sin embargo pueda asumir la gestión integral de la cadena e hidrocarburos como mandó el decreto de la nacionalización.
De hombre invisible haría esa certificación de reservas que solo aparece cuando conviene políticamente, es decir, casi nunca, porque solo merman y merman y lo que gusta en esta área es vender éxitos y más éxitos.
En un verdadero Frankestein es en lo que se ha convertido el plan de industrialización del gas, que estaba en molde para nacer pero que finalmente se convirtió en un monstruito cosiendo una separadora por aquí, una planta de urea por allá y miles de bombonas de GLP que no hay a quien venderle.
El pozo Boyuy puede vestirse de sí mismo en formato bipolar, porque fue tenebrosa la misión de perforar el pozo más profundo de Sudamérica extendiendo la perforadora en su máxima extensión, lo que fue un éxito, pero como abajo no había nada, pues fue un fracaso.
Hay un zombie que a ratos vuelve: el proyecto GNL Pacific que Repsol había imaginado para colmar puertos del norte de México y California desde Margarita y que acabó entrampado en su salida al mar por Chile y un presiente huyendo en helicóptero.
Terror psicológico es volver a negociar una extensión del contrato de exportación de gas natural con Brasil.
Freddy Kruger en el Juancito Pinto.
Santos Ramírez convertido en Anibal Lecter guardando silencios, pero retornando de cuando en cuando y cada vez a ver qué más cosas pueden pasar.
San Alberto, orco; San Antonio, casi orco; Margarita, proyecto de orco y al final, Tariquía, cual muerte.
Probablemente el sistema necesita un exorcismo, una limpia a profundidad, desterrar algunos de los conceptos más arraigados que solo sirven para resguardar el estatus quo, acabar con los miedos y el conservadurismo e iniciar un camino nuevo. Tal vez sirva Halloween para ello.


