La ruta 9 y la lealtad del Chaco

Hace una década que todos hacen campaña con una ruta que, en realidad, no avanza y cuyo futuro es incierto

En los próximos días se cumplirá una década desde que la promesa de desdoblar la ruta 9 entre Yacuiba y Villa Montes cobró visos de compromiso formal. Hasta entonces había sido un anhelo legítimo, pero poco tangible para todos los habitantes del Chaco, que la padecen con estoico silencio.

La ruta 9 pasa por ser una de las más peligrosas del país. A diario se registran choques, vuelcos, salidas de vía o encontronazos con animales que por lo general registran heridos de diversa consideración y demasiadas veces, muertos. Y es que se trata de la carretera más transitada de Tarija y también del país más allá de su eje. El tráfico pesado que circula por la frontera es permanente, y ahí convive con los pequeños vehículos que trasladan a vecinos de un lado a otro en una región acostumbrada a la movilidad y a vivir en contacto con la naturaleza.

Construir una doble vía es una cuestión de dignidad para un departamento que llegó al siglo XXI sin tener su capital comunicada por asfalto con ningún sitio; para una región autónoma que ha contribuido como nadie a que Bolivia diera el salto que ha dado en los últimos quince años y para un país acostumbrado a tratar a sus visitantes a las patadas, pero sobre todo es una cuestión de seguridad. La cantidad de muertos – más de uno a la semana en promedio – es intolerable y no basta con achacar los hechos a la imprudencia de algún conductor o a la mala suerte puntual con la que se abre un sifón en la vía.

El plan integral es evidente, construir una doble vía para los vehículos que solo pasan, con su vía de servicio para aquellos vehículos que viven de ella. Obviamente no a todo el mundo le gusta la idea de perder potenciales clientes, pero la seguridad debe estar por encima del negocio.

El problema es que nadie se ha atrevido a invertir lo necesario en una parte del país que solo cuenta deudas del Estado con sus sacrificios. En 2014 Morales prometió celeridad; en 2015 Quecaña y el resto de los aspirantes del MAS a ocupar cualquier cargo hicieron campaña con ella; en el referéndum de 2016 se volvió a hablar de esa ruta de la muerte y en agosto de 2019, en plena campaña, se adjudicó a la Empresa Boliviana e la Construcción (EBC), eso sí, en un tramo recortado hasta Pajoso, que efectivamente es el de más alta siniestralidad.

Lo curioso es que en 2020 la mismísima Jeanine Áñez también vino a hacerse fotos con collares en la ruta, y en 2021 de nuevo el MAS jugó la carta de la vía. En 2022 la vía no ha avanzado más que algunas alcantarillas y algo de firme removido.

Seguramente, con la crisis internacional apretando la disponibilidad presupuestaria en Bolivia y con el abandono progresivo de los proyectos de industrialización en el Chaco, el sueño de la doble vía acabará desvaneciéndose. Probablemente los chaqueños acaben entonces preguntándose qué fue de las lealtades guardadas y no correspondidas.

 


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