Las AFP, las palancas y la confianza
Para generar confianza es necesario explicar los procedimientos y los objetivos y ser capaz de convencer a los ciudadanos de las virtudes de las inversiones seleccionadas
Al final, en el asunto de la gestión de los fondos de pensiones, lo importante no es si lo gestiona una empresa privada y transnacional o es parte del entramado público, sino que los fondos se manejen con absoluta transparencia y que todas las disposiciones sean públicas y, sobre todo, pensando en el legítimo interés de los trabajadores y de su Estado, que para el caso es lo mismo.
Hasta ahora son dos empresas privadas las que gestionan los enormes recursos de los fondos de ahorro previsional de los trabajadores del país que lo hacen con un contrato legal, que son los menos, aunque en este editorial no entraremos demasiado en ese asunto, aunque es central para el sostenimiento de las pensiones del futuro.
Prácticamente toda la actividad de las dos empresas está regulada a través de normativa del Ministerio de Economía que básicamente autoriza las fórmulas de cálculo de liquidación de pensiones – que se hace en base a una estimación de la esperanza de vida surrealista – y regula cuales pueden ser los destinos de los ahorros depositados. De ahí que la mayor parte de los recursos de esos fondos estén invertidos en el Tesoro General de la Nación en cualquiera de sus fórmulas o bonos soberanos, mientras otra parte se ha entregado al sistema financiero para constituir infinidad de SAFI a la vez participadas por los mismos bancos.
Una menor parte se invierte en empresas, casi todas transnacionales con base en Bolivia o dedicadas a la importación y apenas un mínimo porcentaje se invierte en empresas bolivianas netamente productivas. Huelga decir que esos mecanismos de asignación de fondos y selección de inversiones son cosas de lo más opaco, ya que apenas se informa en las memorias anuales de ello a las empresas afiliadas que apenas quieren saber que el dinero no se esfume.
La puesta a punto de la Gestora Pública para administrar el fondo que las dos transnacionales deben entregar de acuerdo a normativa publicada hace más de una década, pero nunca aplicada ha puesto nerviosos a muchos sectores, incluso cercanos al gobierno, que desconfían del buen trato que se puede dar a las cuentas. Por desgracia, siglos de asalto descarado al Estado y sus recursos no ayuda para nada a generar la confianza imprescindible.
Ahora, para generar confianza es necesario explicar los procedimientos y los objetivos y ser capaz de convencer a los ciudadanos de las virtudes de las inversiones seleccionadas. En esas, el gobierno de Arce puede caer en la trampa del ruido mediático y “prometer” que no hará nada con el dinero que no sea depositarlo en bancos triple A de los países hegemónicos centrales, que tumbados en su hamaca siguen maximizando beneficios a costa de los países pobres, que ni siquiera apuestan por sí mismos.
El dinero de los trabajadores es sagrado, pero nada les convendrá más que saber que con los aportes se está impulsando el desarrollo nacional y no el engorde de grandes transnacionales y países centrales ya sin nada que vender. Y no deja de ser contradictorio ver a sectores aparentemente combativos defender por encima de nada la estabilidad de sus ahorros en los grandes bancos del imperio.
Bolivia debe usar sus palancas de desarrollo y las pensiones, sin duda, son una de ellas.


