La salud después del Covid
La mala respuesta general del sistema provocó miles de muertos; tratar de optimizar el sistema de salud es una deuda pendiente con ellos
La pandemia no ha terminado, pero por el momento se vive cierta normalidad al respecto. Las vacunas, mal que bien, han contribuido a fortalecer las defensas de los más expuestos y las estrategias de prevención parecen haberse interiorizado relativamente, además, no hay que olvidarlo, los más vulnerables fallecieron masivamente en las primeras olas, pues las cifras todavía siguen siendo opacadas por los funcionarios de los registros.
En cualquier caso, son ya más de dos años y medio luchando contra el virus y algunas cosas se han aprendido, aunque sigue pareciendo lejano que la salud pública se convierta en una prioridad, pues implica demasiados cambios culturales y mucha inversión en recursos humanos que, a nivel político, no les parece rendir tanto como el inaugurar hospitales por todo el territorio aún sin equipamiento ni personal.
El virus fue una pesadilla en el país y es posible que de tanto miedo que se pasó, hoy ni siquiera se quiera hablar del tema, pero es urgente que los expertos repasen todo lo sucedido y le planteen a los que mandan una propuesta concreta para mejorar las capacidades.
Hubo un tiempo, al principio, en el que los propios profesionales de la salud trancaron los accesos a algunos hospitales para rechazar a los pacientes de Covid, o que vecinos se quejaban abiertamente de que su centro de referencia hubiera atendido a personas portadoras del virus. Después vino la explosión, la incapacidad para hacer pruebas y su consiguiente rastreo para evitar más infecciones y finalmente, el desborde de muertos: pacientes que ni siquiera recibían el oxígeno necesario, personas que morían en bolsas y no tenían espacio siquiera para descansar. Fue un tiempo de terror que, sin embargo, no limitaba las imprudencias.
Cuando el primer impacto pasó y los profesionales de la sanidad pública que quedaron en pie lograron establecer algún mínimo protocolo para atender a los pacientes, recién las Cajas de Salud empezaron a cuestionarse si ellos debían también atender a sus asegurados, y mucho después, las clínicas privadas empezaron a ruborizarse por los estratosféricos precios en los que tasaron los tratamientos de Covid.
Al final, como siempre, los ciudadanos tuvieron que buscarse la vida por todo ello para encontrar una cama, un tanque de oxígeno, una prueba rápida o una PCR y hasta un lugar para enterrar a sus seres queridos. Fueron días de mucha pena y vergüenza donde sólo las kermeses, adaptadas a la modalidad virtual, dieron alguna muestra de fe en la ciudadanía.
Ya pasadas las urgencias del Covid, se hace necesario un compromiso entre actores del sistema que permita optimizar recursos y brindar un mejor servicio para todos los ciudadanos, porque vendrán nuevas crisis y al final, tener salud es una cuestión de dignidad. Intentarlo al menos es un deber que tenemos con todos los que murieron sin remedio.


