El timo de la bonanza gremial
Más allá de los muchos rumores que alimentan el mito y de que algunas familias hayan logrado condiciones de monopolio, la inmensa mayoría de la familia gremial apenas logra sobrevivir
Los datos son llamativos y un fiel reflejo de lo que sucede en la economía departamental, cada vez más parecida a lo que sucede a nivel nacional: estimaciones del propio sector gremial señalan que han crecido prácticamente un 50 por ciento desde 2019, primero con la crisis política y después con la pandemia. En total se estima que unas 40.000 personas se dedican al comercio en Tarija, prácticamente un 30 por ciento de su población activa.
El problema del sector gremial, efectivamente, es la precariedad y la informalidad. Más allá de los muchos rumores que alimentan el mito y de que algunas familias hayan logrado condiciones de monopolio o buenas posiciones de mercado que les permite alardear de su riqueza, la inmensa mayoría apenas logra sobrevivir con la compraventa diaria.
En general, los márgenes de beneficio son pequeños. La mayoría comercializa contrabando por su “derecho legítimo” al trabajo y no realiza contratos laborales a sus empleados, porque la mayoría son los propios familiares que están “ayudando”. Por supuesto nada de seguro social, ahorro previsional, vacaciones o facturas. Así, el oficio de gremial se convierte en un agujero negro que confunde emprendedurismo con esclavitud y que básicamente trata de encontrar resquicios que le permitan dar un salto. Algunos lo llaman “el sueño boliviano”.
El gobierno hace tiempo que mira para otro lado. La prioridad en los datos siempre ha sido mostrar el pleno empleo o tasas bajísimas de desocupación, lo que se logra porque vivimos en un país en el que no hay otra red de protección social que el sustento de la familia y que dura lo que dura: aunque sea, venden piedras dice el acervo popular.
Algunos incluso utilizan el dato del crecimiento del sector gremial para apuntalar el discurso del motor interno de la economía nacional, como si vender contrabando generara riqueza en el país. Más al contrario, hace tiempo que se viene demostrando el daño que hace el contrabando al tejido productivo nacional sin que sin embargo haya servido para que se tomen las medidas oportunas en la frontera a través de una Aduana más preocupada por cómo figura en las fotos que por atender su misión a la vista de los mercados.
En el futuro, la precariedad del sector gremial pasará factura al propio Estado, que tendrá que atender las necesidades de una generación envejecida que no tomó las previsiones para su jubilación y que no tuvo la posibilidad de ahorrar. Trabajar hasta morir sigue siendo una opción indigna y aberrante que con demasiada frecuencia se observa en Tarija y en el resto del país.
Es necesario que los poderes públicos y las iniciativas privadas se pongan de acuerdo para fortalecer la generación de empleo sólido y de calidad, promover iniciativas industriales que absorban mano de obra y limitar las iniciativas que se construyen sobre la explotación: El Ministerio de Trabajo e Impuestos deben velar por todos.
Sin trabajo de calidad, toda política es mala. Los bolivianos llevamos demasiado tiempo acostumbrados a la supervivencia, pero es hora de cambiar, de planificar el futuro y de poder elegir. Es una cuestión de dignidad.


