La precariedad como norma laboral
Que al gobierno no le importe la calidad del empleo ni las condiciones en las que los empleados se ganan la vida da cuenta de la hiper inmediatez con la que se planifica la economía nacional
El Instituto Nacional de Estadística (INE) es, básicamente, lo que es, el centro de datos estadísticos al servicio del Gobierno, y no del Estado, lo que constituye un serio problema institucional, sobre todo si nadie exige mayor profundidad en el análisis de las estadísticas.
El último dato conocido sobre desocupación viene a situar en el 4,2 por ciento el porcentaje de bolivianos que ni estudia ni trabaja, y aun así parece excesivamente alto, pues en este país sin otra red social que la familia, el que no trabaja simplemente está condenada a desaparecer, en cualquier caso, como se trata de encuestas de autodefinición, pues siempre hay quienes ocultan sus ocupaciones por algún motivo.
Que el dato de desocupación sea bajo, por el motivo expresado, no debería sorprender a nadie ni ser motivo de alegría ni jolgorio, porque el problema real de la sociedad boliviana es que una inmensa mayoría de la población “vive del día”, esa magnífica composición que viene a señalar que no tiene ninguna capacidad de ahorro y menos de inversión y apenas puede satisfacer sus necesidades del día, propias y familiares, con lo que gana en el mismo día, sea el jornal de peón, sea la caja del taxi, sea la venta de banana o de maní o sea lo que sea.
Esto no puede ser motivo de orgullo para ningún responsable de política económica, y en el INE deberían esforzarse bastante más en desagregar datos que dieran un panorama completo de la calidad del empleo en el país, porque los empleos de subsistencia simplemente son eso, ocupaciones para no morir de hambre mientras se persigue un sueño o simplemente, se busca un mejor puesto en otro lugar.
Los datos están ahí. Las Administradoras de Fondos de Pensiones saben exactamente cuánta gente está trabajando por cuenta ajena y cuantos, como falsos consultores dependientes de una institución, a menudo pública, pero que debe pagarse sus propios aportes mínimos. Estos son los conscientes, pues una enorme cantidad de población no tiene tiempo de pensar en esos ahorros para la jubilación ni margen de ganancia, los más afortunados piensan en invertir en bienes raíces, con toda su especulación, los menos, en trabajar literalmente hasta morir.
Que al gobierno no le importe la calidad del empleo ni las condiciones en las que los empleados se ganan la vida da cuenta de la hiper inmediatez con la que se planifica la economía nacional, en la que el consumo interno se señala como pilar elemental ¿quién puede mover la economía si solo gana para el día?
Es demasiado habitual que el Gobierno ahogue a las empresas formales con las obligaciones laborales mientras una enorme cantidad de población no cubre ni su salud ni su jubilación, aspectos que a largo plazo se convertirán en problemas y que el Estado deberá atender.
Es urgente dignificar el trabajo en el país, buscar caminos para formalizar a dependientes e independientes y encontrar fórmulas que permitan financiar su futuro, lo contrario supondrá una pesada carga par a el Estado en el futuro. O una vergüenza de indignidad mayúscula.


