El puente de las pesadillas

El puente 4 de Julio debe someterse a una auditoría forense que permita identificar si lo que hubo fueron errores o viles estafas de un grupo de aprovechados

Desde el momento en el que el proyecto se presentó en sociedad quedaba claro que iba a convertirse en un verdadero quebradero de cabeza. El puente 4 de Julio fue el empeño de un alcalde megalómano, que solo pensaba en dejar su huella en su ciudad de paso y que poco a poco se va convirtiendo en una piedra en el zapato para el que parece estar en batalla por atraer la atención nacional opositora, quien sabe si con fines de candidatear a la presidencia.

Rodrigo Paz Pereira decidió priorizar la construcción de un puente faraónico sobre el río Guadalquivir que básicamente no venía a resolver ninguno de los problemas que tiene la ciudad. Su ubicación, a escasos metros de otros dos puentes como el San Martín y el del Bicentenario y que dan acceso al mismo centro de la ciudad evidencian que el empeño no respondió a ninguna planificación estratégica y más bien, a la vanidad individual, porque tampoco queremos ponernos malpensados en este editorial.

Se pudo poner en Miraflores o en Aranjuez, donde hacía bastante más falta, pero no. Para justificar la caprichosa y muy visible ubicación en el centro de la ciudad, el gabinete municipal hizo correr el bulo de que el puente San Martín se caía y que se acababa su vida útil, algo que cualquier estudiante de ingeniería refutaba sin muchos cálculos. El análisis de accesos, que además ni siquiera estaban licitados, daba cuenta de la improvisación.

El otro asunto era el del diseño, que venía a justificar un precio monumental de casi 12 millones de dólares – casi más que el presupuesto del resto de los municipios no chaqueños – por un arco metálico de grandes dimensiones que venía a tener una utilidad funcional, pues permitía no colocar tantos pilares dentro del cauce del río Guadalquivir. En pocos meses, el arco funcional pasó a ser historia, se colocaron los pilares en el río Guadalquivir y se mantuvo la construcción de un arco, en este caso no metálico, pero si con ingentes cantidades de fierro y hormigón sin ninguna funcionalidad, sino simplemente “estético”.

A estas alturas de la obra, después de todo lo sufrido y después de que algunos de los más críticos se hayan colocado al frente de las operaciones municipales, la obra vuelve a estar paralizada por falta de insumos mientras que la empresa, que ha incumplido ene veces sus plazos, se mantiene tranquila y se presenta como víctima de unas coyunturas – electorales, pandémicas, económicas – que no han sido favorables al proyecto.

Evidentemente hay que acabar el puente y de la forma más digna posible, pero todo debe someterse a una auditoría forense y profunda que permita identificar si lo que hubo fueron errores de cálculo y oportunidad, o simplemente viles estafas de un grupo de aprovechados que vieron la oportunidad de llenarse los bolsillos riéndose además de todo el mundo.

Si algo hemos aprendido en estos años de bonanza, esto, esta vez, no puede quedar así nomás.


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