Edulcorar el gas

Es necesario enfrentar el debate en su integridad, no solo sobre cómo sacar provecho de la última oportunidad, sino para qué se van a permitir ciertas licencias

De nuevo en el punto de inicio. Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) vuelve al punto de partida para iniciar un debate sobre el futuro gasífero del país, que con toda probabilidad pasa por ejecutar técnicas no convencionales, incluyendo la demonizada fractura hidráulica (fracking) extendida en Estados Unidos y Argentina, por ejemplo, pero que cuenta con no pocos detractores por su impacto ambiental.

Vuelve al mismo punto porque acaba de contratar a una consultora para evaluar el potencial del territorio y hacer estudios para evaluar técnica y económicamente la implementación de métodos de recuperación mejorada de petróleo en el país, que viene a ser más o menos lo mismo que hablar de fracking, pero con una buena dosis de eufemismos para que nadie se altere.

El debate tiene muchas caras y una clara perspectiva política. La nacionalización ha funcionado, pero las petroleras no quieren invertir en modo convencional porque ya no es rentable y el Estado sigue sin asumir el riesgo, mientras, la no convencional, por sus características, permite cierto retorno antes de que se cumplan los pronósticos sobre el abandono de los combustibles fósiles, pero efectivamente, lo agresivo de la técnica contrasta con un régimen que en algún momento quiso abanderar la Defensa de la Madre Tierra a escala planetaria y que aún hoy se lo reconoce así en ciertos foros de la izquierda progresista europea.

En resumen, la técnica no convencional supone perforar verticalmente sin tanta precisión, una vez alcanzada la formación, perforar verticalmente, hacerlo estallar todo por los aires con explosivos para que se liberen los gases y líquidos atrapados en la roca y, finalmente, extraerlos a presión con más líquidos y más arenas. Por el medio acuíferos, vida vegetal, trastornos en el ecosistema, etc., se convierten en víctimas colaterales.

Es verdad que la técnica ha mejorado mucho desde que se empezó a experimentar a principios del siglo y que el impacto ambiental ha disminuido, es verdad también que las petroleras se vienen preocupando de cuidar el entorno de sus proyectos precisamente para evitar las críticas de la población local, que pueden resultar más molestas que las grandes campañas globales contra el cambio climático por aquello de que se personaliza.

Lo extraño en este caso es que se pretenda seguir dando vueltas en círculo y promocionando imágenes que no son en lugar de atacar el problema de frente. El mundo movido por los hidrocarburos tiene los días contados y Bolivia tiene una última oportunidad de aprovechar algo de lo mucho que ha salido de nuestras entrañas sin que se vean resultados ciertos, porque demasiado se fue en caprichos y prebendas.

Es necesario enfrentar el debate en su integridad, no solo sobre cómo sacar provecho de la última oportunidad, sino para qué se van a permitir ciertas licencias, sin edulcorar, sin trampas.  Es importante que el debate sea completo para que el resultado sea una política de Estado y no una calentura ocasional.


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