Colombia y el populismo de nuevo cuño

El próximo 19 de junio se resolverá este misterio y uno de los dos - o Hernández o Petro - acabará siendo presidente, aun sin saber qué realmente pretenden hacer

La campaña electoral en Colombia se ha convertido en una de las más sucias que se recuerdan a nivel continental en lo que va de siglo, y el problema es que lejos de parecer algo puntual, se va convirtiendo en endémico. Y como dice aquel: todavía falta Brasil.

En Colombia todas las encuestas daban como favorito a Gustavo Petro, aunque lejos de la victoria en la primera vuelta, por lo que pronto se convirtió no tanto en el enemigo a batir sino en el enemigo sobre el que trepar para alcanzar, primero, la segunda vuelta. Esto lo vio rápidamente la campaña de Rodolfo Hernández, típico outsider empresario millonario, con algo de experiencia política en una alcaldía menor y un discurso cimentado en la “antipolítica”, repitiendo consignas de casta y corrupción.

No lo vio tan claro el izquierdista Gustavo Petro, que después de 25 años preparándose para la presidencia concentró su campaña en atacar al candidato de la derecha tradicional, que era Federico Gutiérrez. Tan duro le dio que no entró en la segunda vuelta tras registrar un raquítico 20 por ciento, sin embargo, su sangría de votos llegaba precisamente por el otro lado: La campaña de Hernández ha caracterizado a Petro como un político de los de toda la vida, a lo que ha ayudado la política de “puertas abiertas” en la coalición de Colombia Humana seguida precisamente para girar hacia el centro y aumentar sus opciones.

Mientras tanto hay acusaciones gruesas de todos los colores: se han filtrado numerosas horas de las reuniones de campaña de la coalición petrista donde se exponen estrategias de ataque a otras campañas y se multiplican los rumores sobre el paradero de una de las hijas adoptivas de Rodolfo, presuntamente secuestrada por la guerrilla del ELN hace décadas. Entre medio, una sucesión infinita de escándalos y acusaciones cruzadas entre ambos candidatos, que prometieron guante blanco y, de momento, siguen a puñete limpio.

El próximo 19 de junio se resolverá este misterio y uno de los dos acabará siendo presidente, la cuestión es si este es el nivel de debate que necesita Sudamérica para recuperar el tiempo perdido o, por el contrario, corremos de nuevo como una exhalación hacia el precipicio.

Los argumentos de Petro, que lleva 30 años pensando en cómo convertir Colombia en un Estado social, prácticamente se han diluido sobre el jaleo y las imágenes exultantes. Los de Rodolfo, que ni siquiera acude a debates, son un pequeño compendio populista sobre lo que hará o no hará en determinados puntos, mientras que propone como solución a todos los problemas de Colombia “trabajar más”, además de, obviamente, acabar con la corrupción.

El tipo de argumentos populistas, vengan del lado que vengan, tratan de simplificar situaciones complejas, descargando la responsabilidad en enemigos cercanos y comunes, sin realmente llegar a cuestionar el sistema. Sudamérica necesita enfrentarse más de cerca a sus atrasos, sumar ideas, explorar caminos y no generar más enemigos internos o vecinos. Necesitamos superar este estadio. La elección en Colombia es la enésima prueba de ello. Estaremos atentos al resultado.


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