Construir sobre la paz del Chaco

Son ya demasiados años en los que se escuchan promesas de integración entre ambos países sin que eso se haya materializado en realidad en proyectos concretos

La Guerra del Chaco ha sido una de las peores tragedias bélicas del siglo XX en este continente, una catástrofe humanitaria que se cobró miles de vidas sin sentido, por la ambición de unos pocos. El 14 de junio se firmó el armisticio y tal vez lo único positivo de aquella contienda es el respeto mutuo que ambos países se han profesado desde entonces.

Ese respeto – y también esos miedos - se han materializado en la práctica en un alejamiento físico de ambos países. Los miles de kilómetros de frontera compartidos son prácticamente grandes desconocidos para dos países que comercian mucho menos de lo que deberían. Lo bueno es que ese alejamiento de años ha permitido sanar. Hoy por hoy los presidentes y altos funcionarios se encuentran a cualquier lado de la frontera para honrar a sus muertos y celebran la paz alcanzada, sin resquemores ni cuentas pendientes.

En esa coyuntura, son ya demasiados años en los que se escuchan promesas de integración entre ambos países sin que eso se haya materializado en realidad en proyectos concretos por diferentes causas, sobre todo, por la falta de voluntad, algo que sin duda es un error.

El gran problema de conexión con Paraguay es el de las carreteras, especialmente desde Tarija, pues al otro lado el territorio se convierte en un gran pantanal de charcos, yesos y tizas en tiempos húmedos que impiden una circulación normal. Igualmente, Asunción, que es la capital sobre la que todo gira, está demasiado lejos del territorio chaqueño, convertido cada vez más en un vasto territorio al servicio de la soya transgénica.

El Gobierno paraguayo comprometió hace no tanto extender su red vial asfaltada hasta la frontera por Ibibobo, como Bolivia, pero llegó la pandemia y hasta la fecha sigue entre las promesas más notorias e incumplidas.

Desde Bolivia se mira el mercado paraguayo con poca motivación. Alguna vez se ha querido enviar Gas Licuado de Petróleo y se ha topado con la enérgica oposición de ciertos oligopolios que no han permitido el acceso libre hasta Asunción, e incluso se ha hablado de extender gasoductos o líneas de alta tensión. Nunca se han concretado. Además, es recurrente apelar a la hidrovía cuando se habla de comercio con el Atlántico, que tampoco parece materializarse en nada en concreto.

En este contexto, la reflexión está sobre la mesa. Por lo general los gobiernos siguen apostando por proyectos grandes que sin embargo no logran atraer la atención de los ciudadanos ni la utilidad en las empresas, que finalmente son quienes deben convertir los buenos propósitos en negocios concretos. Es necesario involucrar más a los pueblos que habitan las fronteras, organizados como sociedad civil, para que realmente se generen sinergias positivas que reivindiquen la integración como concepto positivo. Construyamos vecindad sobre la paz.


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