La puerta de Áñez
Aunque la sentencia contra la expresidenta no cambia la correlación de fuerzas políticas en el interior del país, preocupa el impacto en el escenario internacional por el estado de la Justicia
Le ha faltado el tiempo al expresidente Evo Morales Ayma para verter todavía más dudas sobre una sentencia que no ha dejado indiferente ni satisfecho a nadie por motivos evidentes: Es difícil respetar la justicia cuando se ha evidenciado y reconocido el estado de podredumbre del sistema judicial al completo.
Morales, tan inoportuno como últimamente para disgusto de Luis Arce y compañía, quiso dejar claro que el también había participado de la decisión sobre la estrategia de llevar el juicio a la vía ordinaria y no a un juicio de responsabilidades en el Senado que, al menos sobre el papel, habría sido imposible de iniciar porque el Movimiento Al Socialismo (MAS) no tiene los dos tercios. Para unos la declaración de Evo solo trata de arañar protagonismo en la batalla interna al mismo tiempo que critica la sentencia por “benigna”. Para los otros, es la prueba definitiva de que el juicio fue armado y la sentencia dictada desde el propio gobierno.
La sentencia apenas modifica en nada las posiciones políticas dentro del país. Es evidente que Jeanine Áñez se proclamó presidenta en una sesión sin el quórum reglamentario, como es cierto que Morales renunció a su cargo asediado por las protestas y como es cierto que la Policía se amotinó y como que los militares no salieron a la calle hasta después de que quedó vacía la Presidencia. Hay hechos que son objetivos, como que Morales perdió el referéndum de 2016 e igualmente se presentó a las elecciones de 2019. También que hubo matanzas en Senkata y Sacaba como verificó el GIEI. Sin embargo, los bloques tienen su relato definido para todo ello, relatos que justifican y toman solo la parte de los hechos que les conviene.
Jeanine Áñez es hoy por hoy una mujer sola, sin respaldo social y abandonada por sus aliados que recién se han indignado tras la sentencia y que seguramente se les pasará en un par de días. Áñez ya lleva un año en prisión y seguirá unos cuantos más mientras se define si se entrará a juzgar su gestión propiamente, incluyendo los hechos de Senkata y Sacaba y otros burdos asuntos de corrupción y grosero daño al Estado, como la adenda renegociada con Brasil por el gas, o simplemente se trataba de ratificar por enésima vez que “fue golpe” y el resto se queda en el aire.
El problema del gobierno y su mayor preocupación tiene que ver con la esfera internacional, con el modo en que los socios, vecinos y enemigos acabarán de digerir esta sentencia que emana de unos tribunales que el propio Ministro ha cuestionado en su legitimidad por corrupción y servilismo. En la nueva configuración ideológica del continente, donde progresistas y “jurásicos” van encontrando sus espacios, Arce tiene que definir hacia donde quiere llevar su gobierno y su posición, y probablemente lo que más le convenga sea cerrar este capítulo cuanto antes para concentrarse en lo que viene.


