Superar la OEA
Es responsabilidad de los presidentes del sur construir una verdadera institución que represente sus intereses y deje a la OEA como lo que es: una institución para coordinar o discutir con EEUU
Más allá del contenido específico, la celebración de la Cumbre de las Américas en Los Ángeles se puede interpretar como una escenificación del cambio que viene, pero que evidentemente requerirá de decisiones audaces y consecuentes para hacerse realidad.
La Organización de Estados Americanos (OEA) se ha convertido en una rémora del pasado que no es útil a los intereses de un continente que necesita tener una voz propia en el escenario internacional. En esas, el problema no es tanto de la OEA, que tiene un fin claro – aunque no escrito – sino de los países que no son capaces de dotar de todo el contenido posible a los otros instrumentos creados con el fin de llenar ese vacío imprescindible en el mundo.
La OEA es básicamente la organización que alinea a los países del sur con los intereses de Estados Unidos. Es el “Ministerio de Colonias de EEUU” como lo definió esta semana el nada sospechoso de rojo comunista bolivariano Nayib Bukele, presidente de El Salvador y ausente en la cumbre también por motivos políticos.
La cumbre ha durado cinco días y Estados Unidos se ha empleado a fondo en ser amable y condescendiente, entre otras cosas porque sabe que tiene su “patio trasero” revuelto y que en el contexto geoestratégico mundial sería un gran error subestimarlo. Esta apuesta ha alcanzado materialización práctica con el asunto de la migración – pese a la ausencia de los países centroamericanos - y ha habido invitaciones a regar de dinero e inversión los países más sensibles, pero desde el sur se entiende que el problema es estructural y que la crisis que viene por delante - así como las recetas ortodoxas que vienen prescribiendo los dueños de la máquina de hacer dinero, como subir las tasas de interés para luchar contra una inflación que tiene origen en la adulteración de las cadenas de suministros, sobre todo por las sanciones a Rusia -, la acabarán pagando los más pobres.
Claro que la discusión previa nada tuvo que ver con el contenido de la Cumbre, sino con las presencias y ausencias y el veto de EEUU a las delegaciones de Nicaragua, Cuba y Venezuela (aunque el ALBA había determinado no asistir) que después motivaron la ausencia de Manuel López Obrador y Luis Arce en una cumbre en la que tampoco participaron Xiomara Castro, presidenta de Honduras, ni el citado Bukele ni el presidente guatemalteco Giamattei. Tampoco asistió el uruguayo Lacalle Pou, pero en este caso por el Covid y no por ninguna posición estratégica.
Entre los presentes ha habido perfiles críticos, como el de Gabriel Boric, el de Pedro Castillo y el de Alberto Fernández mientras que Colombia vive una turbulenta recta final de campaña y todos los ojos apuntan a Brasil como principal pilar para construir una verdadera institución que represente los intereses del sur y deje a la OEA como lo que es: una institución para discutir de cerca con Estados Unidos.
Es responsabilidad de los presidentes convertir las organizaciones actuales – Celac, Unasur, Mercosur, etc., - en instituciones útiles. Es su responsabilidad crear los mecanismos financieros de solidaridad que son finalmente los que respaldan las instituciones y es su responsabilidad el hacer esfuerzos para encontrar las similitudes y superar las diferencias que permitan avanzar en la construcción de una sola voz con peso en el mundo. Es hora de pasar a la acción.


