El legado del maestro Arduz
Si algo define precisamente al maestro Fernando Arduz, junto a su calidad humana, es su vocación infinita por la enseñanza, la paciencia que cultivaba con sus alumnos y su habilidad natural para extraer talentos
Con motivo de la celebración de su natalicio, el pasado 6 de junio se celebró un intenso y sentido homenaje al maestro Fernando Arduz donde se pudo constatar lo que se percibía: se trataba de uno de los grandes personajes tarijeños contemporáneos que con una personalidad introvertida muy definida ha sido capaz de ganar admiraciones allí donde ha estado.
El Teatro de la Cultura estaba repleto para asistir a la interpretación de parte de las decenas de obras que él ha transcrito y arreglado para guitarra clásica, pues su aportación al mundo de la cultura no es exclusivamente como intérprete, sino que si algo le ha caracterizado ha sido el estudio meticuloso y la investigación permanente sobre las raíces de la música nacional. Es así, sintiendo lo que tocaba, entendiendo lo que hacía, como ha logrado trascender su música con brillantes interpretaciones.
Por las tablas del Teatro desfilaron algunas de las principales guitarras del país, muchos de los cuales crecieron precisamente al calor de las enseñanzas del “profe”, y es que si algo define precisamente al maestro Fernando Arduz, junto a su calidad humana, es su vocación infinita por la enseñanza, la paciencia que cultivaba con sus alumnos y su habilidad natural para extraer talentos, por eso también la participación de la Orquesta de Cámara, que él impulsó, fue muy emotiva.
Efectivamente, Arduz rompía cualquier estereotipo del “chapaco” guitarrero y fue su calidad artística la que fue derribando puertas para hacerse un sitio entre los más grandes del país. Arduz no era hombre ruidoso ni de dejar las cosas a medias, ni de inventar lo que no correspondía, sino que era un trabajador enfocado y dedicado al estudio y la investigación, dos características que ha inculcado en todos los estudiantes que tuvieron la fortuna de compartir con él.
A seis meses de su partida, los homenajes se han ido sucediendo en todo el país y con seguridad, llegarán más, pero queda pendiente el homenaje de la ciudad a uno de sus grandes representantes del presente que ha sido capaz de darle una entidad significativa a la música tarijeña y nacional.
De seguro el profe huiría de estos reconocimientos y preferiría cualquier reconocimiento que sirviera para multiplicar los talentos, como sostener una red de escuelas de música en cada barrio, además de lograr al fin el reconocimiento curricular pertinente de la escuela Pastor Achá, pero lo cierto es que se hace necesario también reconocer al artista en la sociedad y no solo reducirlo a sus esferas de acción.
Nuestras calles y plazas, por lo general, están dedicadas a guerreros a caballo, hombres que forjaron la historia a golpe de espada, que liberaron la tierra por la fuerza con determinación y cuyos legados se van impregnando en el carácter del pueblo, y en ese entendido, que bueno sería también que se impregne en el carácter del pueblo el legado de un hombre que amó y buscó la belleza y cuidó el arte como forma de entenderse entre seres humanos.


