El fin del status quo en Colombia
Tanto Hernández como Petro, que suman el 70 por ciento de los votos, desafían abiertamente las posiciones del uribismo en política interna que han dominado Colombia los últimos 50 años
Finalmente el candidato favorito de las encuestas en Colombia, Gustavo Petro, se quedó muy lejos de la mayoría absoluta por lo que concurrirá ahora a una segunda vuelta inédita que, de entrada, ha empezado dando cuenta de que se trata de otra forma de hacer las cosas.
La sorpresa, que se veía venir en las últimas semanas, la dio el empresario ingeniero Rodolfo Hernández, de 77 años pero presentado con todas las galas de outsider y al que los medios locales han empezado a denominar “el Trump colombiano”. Hernández pasó por la derecha más liberal a Federico Gutiérrez, que era el candidato oficial de la derecha y al que había elegido el uribismo, de capa caída tras la nefasta gestión de Iván Duque y todos sus tics autoritarios.
Hernández es el típico candidato millonario, independiente, que usa el discurso antipolítica y anticorrupción aunque fue brevemente alcalde en Bucaramanga. Hablando claro, pero desde los postulados del liberalismo, ha supuesto una especie de “soplo de aire fresco” que ha reventado todos los análisis y pocos se aventuran a hacer pronósticos sobre lo que puede pasar en la segunda vuelta en dos semanas.
De repente, Petro, que siempre había cargado con el discurso antisistema pero que lleva más de 25 años en la política institucional, se ha convertido en lo viejo, y como durante la campaña ya se había moderado mucho, no faltará quién lo vea como la opción de la estabilidad frente a un Hernández al que el discurso de cambio le faltan ajustes a la realidad colombiana, tan informal como cualquiera en este lado del mundo.
La cuestión es que Petro sumó un 41 por ciento y Hernández se quedó en el 28, lo que deja un 30 por ciento del voto por definir, suponiendo que vayan a votar, pues en Colombia el voto no es obligatorio ni está incentivado de ninguna manera, siendo esta una de las claves de la perpetuación de los gobiernos de derecha en un país desigual y mayoritariamente pobre.
Cualquiera podría suponer a bote pronto que el 20 por ciento que apoyó a Fico Gutiérrez se irá inmediatamente a Hernández, puesto que el enemigo declarado no deja de ser Petro, pero el primer movimiento de Hernández en la segunda vuelta, tal vez en un gesto audaz, tal vez en un suicidio político, ha sido desmarcarse abiertamente del uribismo punteando 20 diferencias concretas y muy claras que seguramente espantarán a los votantes más conservadores, pues además de manifestarse a favor del proceso de paz con las FARC y de abrir diálogo con el ELN y las relaciones diplomáticas con Venezuela, también se ha posicionado a favor de la legalización de la marihuana recreativa y del aborto, lo nunca visto en Colombia. A más, Petro y Hernández también han empezado la segunda vuelta intercambiando buenas palabras, sin ataques y avanzando por la unidad.
Ese giro radical de la política en Colombia ha arrinconado al status quo de las cosas que no se pueden tocar, no se pueden hablar y no se pueden decir. Muchas revoluciones en América Latina han quedado congeladas por el temor al qué dirán, incluyendo el proceso de cambio en Bolivia. Veremos finalmente qué sucede en la segunda vuelta, pero lo que está claro es que sí se puede.


