Tarija y su movilidad sostenible
El desafío de la movilidad urbana es central en cualquier gestión municipal y Tarija aún tiene una oportunidad de evitar convertirse en una selva vehicular
Una de las tareas pendientes del Gobierno Municipal de Cercado es el de enfrentar una reordenación del tráfico vehicular en la ciudad con el objetivo de mejorar el servicio para todos. Esto pasa porque tanto los usuarios como los transportistas estén satisfechos con el acuerdo y que no ganen unos a costa de los otros.
En este año largo, el alcalde Johnny Torres y su equipo ha logrado minimizar los conflictos entre sectores del transporte, algo que se había multiplicado en los últimos años de la gestión de Rodrigo Paz, que se dio después de conceder un incremento en los pasajes de micro a cambio de nada. Poco después proliferaron cantidad de líneas de taxi trufi, muchas instaladas por la fuerza, y como siempre, con acuerdos espurios dentro del sector sin saber qué mediación hizo la Alcaldía.
Los dos años de pandemia han servido para racionalizar de alguna forma el servicio. Durante meses no pudieron trabajar por las restricciones de la pandemia; después lo hicieron sin los escolares, que siguen siendo grandes usuarios del servicio público, y en la “nueva normalidad”, son muchos los que han optado por formas individuales de transporte, esencialmente motos o bicicletas, para evitar las aglomeraciones. Por otro lado, los dueños de los vehículos de transporte público tampoco se han esforzado demasiado por evitar los tumultos que desincentivan el uso.
En esto, algunas unidades se han ido retirando y muchos choferes se han reconvertido a otras actividades, y el momento parece propicio para enfrentar algunos cambios esenciales y ambiciosos, también en los tecnológico, aprovechando que en el equipo del alcalde hay gente joven con otras visiones que le pueden dar un salto de calidad.
Nadie a estas alturas va a plantear la revocación de licencias de actividad, pues prácticamente son propiedad de los sindicatos, que las explotan sin piedad, pero sí sería necesario racionalizar esas líneas y sus trayectos para evitar la sobrecarga de vehículos en el centro y a la vez, garantizar el servicio en los barrios. Implantar una tecnología de monedero electrónico o tarjeta de bus que permitiera el transbordo y que fueran los sindicatos los que después arreglaran con sus choferes el sistema de compensación es posible, pero hace falta una apertura a ello y también garantizar la cohesión de la ciudad a través de puentes y vías de desahogo que integren la movilidad.
De la misma manera, hace falta dar pasos más decididos para cerrar el centro al transporte privado priorizando el público, además de las bicicletas y patines; también es preciso avanzar en las medidas de seguridad ciudadana para el taxi, lo que pasa por el pintado de los vehículos y la regularización de profesionales; también urge mucha pedagogía para respetar paradas, pasos de cebra, carriles bici y el resto de las pocas señales que hemos implementado.
El desafío de la movilidad urbana es central en cualquier gestión municipal y Tarija aún tiene una oportunidad de evitar convertirse en una selva vehicular, el liderazgo de la Alcaldía debe ser puesto al servicio de los ciudadanos para construir juntos una ciudad más amable, más limpia y más fácil de “usar”.


