Bolivia y la difícil digitalización del comercio
Entre los que no saben usar internet, los que desconfían de las compras online y los que no tienen medios para hacerlas, el nicho en mínimo y augura un nuevo retraso nacional
Alguien no está haciendo la tarea que debería. Recién saliendo de una pandemia en la que el mundo entero ha dado saltos agigantados en su digitalización, en Bolivia seguimos topando con problemas elementales para poder dar un salto de calidad en nuestro mercado interno. El uso de internet y de los teléfonos inteligentes sigue siendo eminentemente para asuntos de ocio, mientras que para el resto de las gestiones mayoritariamente seguimos eligiendo la tradicional fila para flagelo personal.
Tantos años después de la llegada de esas aún llamadas “nuevas” tecnologías cabe preguntarse quién es el que está fallando en su implementación en Bolivia y también invita a pensar quien es el responsable de cada uno de esos debes que impiden una aceleración acorde y que, sin duda, son múltiples.
Hay uno, por ejemplo, prehistórico: mientras en el mundo se ha multiplicado la compra online y los gigantes Ali Baba y Amazon se encuentran entre las empresas gigantes del planeta, en Bolivia ni siquiera hemos sido capaces de homologar nuestro servicio de correo con el del resto del mundo y seguimos pasando las de Caín cada vez que en algún registro nos piden nuestro Código Postal.
Hay otro montón de factores que hacen a la brecha digital y al analfabetismo tecnológico en todos los sentidos. Demasiada gente y ni siquiera tan mayor no sabe abrir un correo electrónico, crear una cuenta en alguna plataforma online o hacer un simple registro. Después, de los que saben, un alto porcentaje de los mismos desconfía de la seguridad y se pregunta quién hay detrás y qué pretenderán hacer con nuestros datos, por lo que por lo general se suman al lado de los no usuarios, es decir, los no clientes.
De los pocos cualificados, no todos tienen capacidad económica suficiente como para mantener una cuenta en una entidad bancaria ni tener una tarjeta de débito o crédito para operar con solvencia, así que tampoco pueden ser considerados potenciales usuarios o clientes.
En esa difícil coyuntura es que decenas de empresas de todos los rubros, y principalmente de la comunicación, es que tratan de impulsar negocios online que abran nuevos nichos, atraigan nuevos públicos, nuevos clientes, nuevos seguidores y permitan monetizar los esfuerzos para seguir creciendo, generando trabajo estable o, al menos, sobreviviendo, pero los datos son aterradores.
Se trata seguramente de un nuevo atraso que vamos a sumar en el país llegando tarde a un mundo que ya está mutando hacia el metaverso y el resto de experimentos que, salgan o no salgan, distan un mundo del folder amarillo con copia de cédula y factura de luz y agua para demostrar una dirección.
Urgen medidas valientes y transformadoras, sin complejos y sin ataduras, sin miedos en general. Tocos debemos contribuir a un más y mejor internet; más seguro; más fiable; más útil; y mejor negocio. Tremendo desafío.


