Colombia vota
Petro lleva más de un cuarto de siglo preparándose para ser presidente: de derrota en derrota hasta la victoria, pero en un país donde el voto no es obligatorio puede pasar cualquier cosa
Colombia es el único país que no ha enfrentado un proceso de reforma agraria en los últimos cien años. Un país todavía agrietado por el narcotráfico y todas sus formas de violencia, militar, paramilitar o de los cárteles. Un país tremendamente desigual, heterogéneo y diverso, eso sí, con gente extraordinaria, que es la que la ha convertido, a pesar de todo, en una de las potencias económicas del continente.
Hoy, con el voto, concluye una carrera electoral tan turbia como las habituales, donde ha habido pocas sorpresas – entre ellas la refrescante irrupción de Francia Márquez - y algunos golpes bajos, donde se ha contenido la respiración en varios momentos y donde los colombianos han creído por momentos que algo diferente puede suceder.
Por primera vez en décadas hay un candidato netamente de izquierdas con opciones de llegar al poder. “Leí la historia de Gaitán (Jorge Eliécer Gaitán), que fue alcalde de Bogotá, que destituyeron y luego asesinaron. Traté de entender lo que había detrás de eso. Dieron la orden [personajes] oscuros, en los palacios, jugando al póker. Dieron la orden de disparar con los tanques de guerra sobre ese palacio y asesinar a todos los que estaban dentro. Dieron la orden de asesinar al candidato presidencial Luis Carlos Galán. Dieron la orden de asesinar al candidato presidencial Bernardo Jaramillo. Y dieron la orden de asesinar a nuestro comandante candidato presidencial Carlos Pizarro” señaló en uno de sus discursos el propio Petro, lo que no deja de ser un pequeño resumen de la historia política de ese país donde el liberalismo se fue perfeccionando hasta el extremo y donde Álvaro Uribe y su guerra sucia contra el narco se convirtió en paradigma y lo sigue siendo aun después de salir lastimado en el largo plazo por su enfrentamiento con su sucesor Santos, que impulsó la paz con las FARC y la acabó imponiendo aún después de perder el referéndum.
Petro lleva más de un cuarto de siglo preparándose para ser presidente: de derrota en derrota hasta la victoria. A su favor le juega la oportunidad del cambio, el agotamiento general de la nefasta gestión de Iván Duque y también la madurez de su proyecto Pacto Histórico, mucho más plural que en el pasado, y también más moderado, donde se han sumado personajes que incluso llegaron a compartir con Uribe.
Evidentemente, no hay nada hecho. Todas las encuestas le dan como favorito frente a la derecha tradicional a la que se sumó un uribismo de capa caída y que postula a Federico Gutiérrez. El apronte de los últimos días advirtiendo sobre un intento de golpe que frenara los comicios también le está funcionando, dicen, en términos de movilización, y aún así nadie se fía de lo que podría pasar en una segunda vuelta fratricida. Petro y su forma de hacer política, personalista y megalómano, también tiene sus detractores.
La cuestión es que hay 39 millones de colombianos inscritos para votar en un país en el que el voto no es obligatorio y donde, por lo general, la abstención ronda el 50%. Esta vez el resultado no es lo de menos, sino todo lo contrario.


