Explorar con el tiempo agotado
No es probable que nadie venga a estas alturas y de favor a buscar hidrocarburo convencional a Bolivia, así que las opciones se reducen: o lo hacemos nosotros mismos u ofrecemos otros proyectos más atractivos
Los meses siguen pasando, los precios de los hidrocarburos siguen altos, pero en Bolivia el plan sigue sin estar claro. Las dudas atenazan a todos los niveles y no parece que haya nadie dispuesto a enfrentar la realidad.
Lo de los precios elevados es un espejismo, una cuestión del momento debida a la coyuntura mundial de guerra y escasez que hace que los mercados se sobrexciten. Es posible que los precios sigan altos ahora que el petróleo es un combustible a priori terminal si es que se cumplen los compromisos climáticos de París, pero, en cualquier caso, para gozar de los mismos siempre será necesario tener combustible que vender, y ese es el problema principal en Bolivia.
Las reservas tradicionales se agotan y de momento no hay seriedad para asumir alguna de las alternativas. Hay parches, como los de intentar explorar en áreas protegidas ya estudiadas, que garantizan a priori el éxito o lo de impulsar la recuperación secundaria con nuevas técnicas no convencionales en los cambios maduros y abandonados, y aun así pasan los meses y no se dan los pasos siquiera para abordar estos hitos.
La clave sigue estando en la fractura hidráulica y la exploración no convencional, como en el sur de Chile, como en el sur de Argentina, como en Pensilvania y como en otros muchos países que arriesgaron su medio ambiente para fortalecer posiciones de soberanía energética y que asumieron el desgaste político de hacerlo. O no, pues en la mayoría de los países el asunto no ha pasado de anecdótico.
En Bolivia la naturaleza del problema es otro: después de tantos años haciendo ostentación de ser un gobierno indígena y protector de los derechos de la Madre Tierra, apostar por una técnica que puede afectar acuíferos y que consume ingentes cantidades de recursos hídricos condenaría definitivamente al régimen y su credibilidad en esos foros que ha frecuentado con ínfulas.
A estas alturas y después de 15 años de haber liberado a las petroleras de la obligación de explorar en cada parcela concedida en unos contratos operados por el entonces vicepresidente Álvaro García Linera y que para muchos analistas suponen una reversión de la nacionalización de 2006, no se ha dado con la tecla para garantizar la reposición de reservas. En eso ha jugado un papel elemental el extraño miedo a utilizar los recursos propios de YPFB para ello o al menos la bursatilización de las reservas contempladas en la propia Constitución.
No es probable que nadie venga a estas alturas y de favor a buscar hidrocarburo convencional a Bolivia, así que las opciones se reducen: o lo hacemos nosotros mismos u ofrecemos otros proyectos más atractivos a la inversión extranjera, y siendo ambiciosos de verdad ¿Por qué no invertir nuestros propios recursos en proyectos más ambiciosos?
La cuestión es que el tiempo se agota y las respuestas siguen siendo muy escasas.


