Litio, gas y cómo invertir en soberanía

En la sucesión de años, la realpolitik se ha ido apoderando de la acción política. El pragmatismo extremo ha ido dejando de lado los anhelos de la agenda de 2003

Si algo ha perdido el Movimiento Al Socialismo es sus últimos 20 años de evolución, la mayoría de los cuales los ha pasado en el poder, es de haber perdido la capacidad propositiva. De haber aparcado su matriz sindical horizontal, su ADN de congreso y ampliado, con toda su argumentación y bronca y demás, y haberse convertido en un partido cada vez más vertical, en una simple maquinaria de campaña perfectamente engrasada que, en contrapartida, obtenía colocar a sus bases en los espacios burocráticos y de administración quien sabe con qué intenciones.

La capacidad de proponer leyes o reglamentos o iniciativas generales no solo se ha perdido en el partido, sino también en la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde los asambleístas apenas se han entretenido en canalizar algunas iniciativas sectoriales, respondiendo a su base electoral que le permitió el acceso al cargo, y poco más. Con una oposición igualmente pobre, la cualidad del trabajo legislativo y la capacidad de ejercer la soberanía en tanto que sean los representantes del pueblo los que decidan el futuro del país y no las circunstancias, como demasiado a menudo sucede, se ve muy reducida.

La iniciativa del ingeniero y ex senador del Movimiento Al Socialismo (MAS), Tito Carrazana es interesante desde el momento en el que plantea una mayor ambición presupuestaria y ejecutiva para alcanzar el sueño anhelado de lograr la industrialización del país y el uso de los recursos naturales, pero también porque lleva adelante, dentro de los lineamientos del gobierno y el partido, un proceso de diálogo con los actores sociales para que participen del mismo, pero además, para que recuerden los principios que impulsaron el proceso.

La cualidad del trabajo legislativo y la capacidad de ejercer la soberanía en tanto que sean los representantes del pueblo los que decidan el futuro del país y no las circunstancias

En la sucesión de años, la realpolitik se ha ido apoderando de la acción política. El pragmatismo extremo ha ido dejando de lado los anhelos de la agenda de 2003. La nacionalización de los hidrocarburos sigue siendo el gran hito de este periodo, pero han pasado 16 años y apenas se ha logrado transformar la matriz del país a pesar de que el único proyecto llevado a término de forma convincente, es decir, el de la planta de urea que complementó el de la Separadora de Río Grande, demuestra que es estratégicamente necesario y económicamente rentable por mucho que sus críticos vociferen que no lo es.

La decisión del litio está cerca y, efectivamente, Bolivia debe garantizarse la mejor forma de aprovechar toda su potencialidad en el país y eso implica invertir en condiciones de igualdad y aspirar a lo máximo, pues la decisión de que el litio es la piedra angular de la transformación del parque automotor mundial de la combustión a la electricidad está por demás tomada.

Lo propio pasa con la exploración hidrocarburífera y la transformación de otros metales. El Estado debe tomar sus decisiones y asumir los riesgos, pues nunca nadie va a venir a solucionarnos nuestros problemas gratuitamente. Es una cuestión de soberanía.

 


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