Asuntos a no olvidar: La reforma del sistema penitenciario
Cada cierto tiempo hay escándalos o siniestros fatales, entonces los políticos salen al primer plano y lamentan las desgracias y juran que nada volverá a ser lo mismo, pero en pocas semanas el asunto se olvida
Hace unos meses, un recién llegado al penal de Morros Blancos fue acuchillado por su compañero de celda. Murió antes de tener sentencia. Lo mató alguien que aparentemente sí la tenía. Régimen penitenciario no quiso dar mayores explicaciones al respecto y todo quedó como un triste episodio más en la historia de las cárceles bolivianas, que algunos dicen que no son como las de Brasil o Paraguay y otros dicen que “todavía”.
Demasiado a menudo la sentencia es simplemente la audiencia cautelar, los jueces determinan riesgo de fuga o de contaminación de pruebas y cualquiera acaba en el penal donde, si no se acomoda pronto, acaba sumando otros delitos y salir se hace cada vez más difícil. Alguien por ahí ha dado por hecho que los presidiarios tienen que perder no solo su libertad, sino también su dignidad, como si eso hiciera algún bien a la reinserción social que supuestamente se pretende.
Es un debate de fondo pero que nadie se atreve a abrir; mucho menos algún diputado o senador. Cada cierto tiempo hay escándalos o siniestros fatales, entonces los políticos salen al primer plano y lamentan las desgracias para al mismo tiempo señalar que nada volverá a ser lo mismo, pero en pocas semanas el asunto pasa y las cárceles siguen siendo un territorio sin ley donde se impone la ley de la selva.
Y es que no es algo muy popular invertir en recintos penitenciarios, como evidentemente se puede deducir. Por lo general, al pueblo enfervorecido no le gusta saber de reinserciones ni de segundas oportunidades, sobre todo en caliente o cuando se trata de delitos graves. La cárcel es un castigo y así debe ser, por lo que cualquier reforma en favor de los presos será por lo general mal recibida, aun siendo conscientes de que cualquiera puede caer en aquellos infiernos visto cómo funciona el sistema policial y judicial en Bolivia.
Tal vez algún día aparezca algún líder populista que prometa penas de muerte, cadenas perpetuas o castración química, siendo esta última la más demandada en el país y técnicamente posible, mientras tanto, el sistema penitenciario en Bolivia todavía tiene un enfoque de derechos y en eso debería cimentarse una reforma.
Las cárceles están colapsadas porque se abusa de la detención preventiva en función del calor del momento y la alarma social que generan los crímenes; también porque los juicios son eternos si es que alguno llega a la conclusión, y es por ello que tampoco los permanentes anuncios de indultos y demás logran ningún efecto.
Mejorar las condiciones de vida de la población reclusa es una inversión a largo plazo en seguridad nacional y es pertinente lograr esas condiciones para que los reclusos puedan destinar su tiempo en la reinserción y no malgastarlo en sobrevivir en territorio hostil, causando a veces más daño del original.


