Asuntos de no olvidar: la reforma de la Policía

Se requiere una reforma integral, pero, sobre todo, una regeneración moral de toda la institución, renovar los compromisos con los ciudadanos

Habitualmente los temas rompen con grandes escándalos en Bolivia, pero después de la pugna coyuntural, normalmente politizada, que se arrastra un par de semanas como máximo, los asuntos vuelven a su lugar sin hacer demasiado ruido hasta al menos el próximo escándalo. Es lo que parece vuelve a pasar en la Policía.

La institución verdeolivo necesita una reforma integral desde mucho antes del motín policial que desencadenó la caída de Evo Morales en 2019. El ente lleva demasiado tiempo viviendo de las rentas de la revolución del 52, de los discursos más o menos vacíos, y de que los responsables miren para otro lado o, como mucho, compongan los equilibrios al gusto para ganar una tregua.

Vaya por delante que muchas de las reivindicaciones policiales son legítimas. Aunque la inversión se haya multiplicado en los últimos años, no todo son vehículos y Estaciones Policiales, faltan recursos en general, falta personal, faltan medios técnicos y faltan demasiadas cosas que sirven para la gestión de inteligencia e investigación. Lo de trabajar “a la antigua”, codeándose con delincuentes y demás, no es solo una forma de hablar, sino que es el método para más o menos estar actualizado.

Ahora, en nombre de la escasez se vienen cometiendo cualquier cantidad de tropelías en el país, cada vez con más impunidad y con una cada vez más insostenible cobertura ministerial, pues hay asuntos que trascienden los límites de la razón.

En el caso de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico y los diferentes audios filtrados en los que aparentemente se desvelaba un encubrimiento de grupos narcos organizados apenas ha dejado “víctimas” pese a que se le ha dado credibilidad, y lo propio está pasando con el asunto del Diprove y los autos robados en Chile. El ministro Eduardo del Castillo del Carpio se ha limitado a “amenazar” con el polígrafo – así como suena – y a advertir que los “malos policías” serán cambiados a otras unidades, como si hubiera alguna otra unidad policial donde sí se pueda tolerar la corrupción policial.

Los sondeos más o menos científicos evidencian que la Policía Nacional es uno de los organismos que gozan de peor reputación en el país y no tanto por los grandes escándalos, que también, sino por el incómodo día a día: la pequeña coima por estacionar mal, por manejar sin casco, las excusas cuando se trata de velar por la propia seguridad, etc. Resulta muy complicado vivir en un país en el que los ciudadanos tratan de cumplir las normas no pensando en el vecino sino en que la policía no se entere, por lo que pueda pasar.

Se requiere una reforma integral, pero, sobre todo, una regeneración moral de toda la institución, renovar los compromisos con los ciudadanos, con la Ley y con el orden público, lograr que la Policía sea un servicio real para los ciudadanos y que contribuya a que las ciudades funcionen mejor parece ser un objetivo demasiado ambicioso, pero no debe serlo. Bolivia merece una Policía mejor y todos debemos comprometernos en lograrlo: la corrupción hay cortarla en seco.


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