La pesadilla carretera de Tarija
El déficit del nivel nacional con Tarija en lo que a inversión vial se refiere es enorme, basta comparar las inversiones ejecutadas en Potosí, Santa Cruz o el Beni
Ahora que ha pasado la época de lluvias y nos adentramos en los meses fríos pero estables, conviene hacer una evaluación cierta del estado de nuestras carreteras, pues el tiempo no pasa en vano.
Los transportistas lo vienen recordando aún con la boca pequeña: las principales carreteras del departamento vienen sufriendo un deterioro acelerado y si no se interviene pronto, el desastre está prácticamente garantizado.
Por principales entendemos la ruta al norte y la ruta a Bermejo, dos de las carreteras culminadas este mismo siglo, pero cuyo diseño deficiente y sus permanentes cambios en la obra acabaron dejando unos tramos de calidades cuestionables, aunque mucho mejores que otros tramos departamentales que ni siquiera pueden entrar en la categoría de “principales”, porque apenas se han terminado y ya tienen defectos, como la ruta al Chaco.
La enrevesada carretera a Bermejo sigue siendo de las mejores, pero el pavimento empieza a agotarse y el mantenimiento no es suficiente. Lo mismo sucede con la bajada por la falda de La Queñua, una obra vital nunca mejor dicho para todos los ciudadanos, que ya empieza a sufrir el paso del tiempo. Los transportistas recuerdan que aún así no dejan de ser carreteras de montaña de calidad baja respecto a lo que pasa en el continente, y si no se mantienen en condiciones óptimas, nunca podrán siquiera considerarse como camino auxiliar a las grandes rutas del transporte de mercancías.
Asunto aparte merece la ruta al Chaco, troceada en tantos lotes que se pierde la cuenta de los plazos y las responsabilidades, pero que en general sigue suponiendo un dolor de cabeza para el sector. Los tramos consolidados del principio y el final empiezan a deteriorarse; el tramo Puerta del Chaco – Canaletas está sostenido con alfileres; el siguiente es el polémico Canaletas – Entre Ríos que la ABC no acaba de asumir pese a los mil compromisos adquiridos y el Entre Ríos – Palos Blancos, el más caro de todos los adjudicados y ejecutado en los años dorados por una empresa española nunca se acabó en condiciones, por lo que las curvas y los taludes son por demás deficientes.
A esto hay que sumar las carreteras que nunca avanzan, o que avanzan hacia ninguna parte, como el túnel del Aguaragüe, el desdoblamiento de la Ruta 9, lo que sea que se quiera hacer en el Angosto de Villa Montes, o la maltrecha Bermejo – San Antonio, que tal vez el próximo siglo logre llegar hasta Caraparí y ser algo más que una pista para petroleros.
Es verdad que no hay grandes recursos disponibles en el nivel departamental, pero el déficit del nivel nacional con Tarija en lo que a inversión vial se refiere es enorme, basta comparar las inversiones ejecutadas en Potosí, Santa Cruz o el Beni, por ejemplo, para darse cuenta que las cuentas no salen.
Hace falta un diálogo más productivo y concretar las prioridades, salvar lo que tenemos es urgente y cualquier demora acabará costando caro. Ojalá cada uno acepte su responsabilidad sin excusas.


