Corrupción institucional
Hay un problema mayor que se ha enraizado en prácticamente todas las dependencias del Estado: Fiscalía, Policía, Justicia, etc., y atenaza ya cualquier respeto a la institucionalidad
Hace tiempo que la gestión de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado viene siendo un asunto pesado, turbio, un asunto que trasciende en demasiadas ocasiones la pura vergüenza política y que se adentra en unos ecosistemas fronterizos con el crimen y el deshonor, y es que, después de todo lo sucedido en 2019, este Gobierno tuvo la oportunidad de intervenir en lo más profundo del problema, pero no lo hizo.
Los últimos en venir a sacarnos los colores han sido un equipo de investigación de la prensa chilena, que venía buscando autos robados y se encontró con altos policías haciendo de matones para proteger intereses corruptos. Vergüenza en prime time de las que no se deben esconder, sino extirpar, y que ayudan mucho al ejercicio profesional del periodismo en este país, cansado de gritar lo que sucede sin que al poder se le mueva un pelo. ¿O acaso no se había leído mil veces lo que pasa en esas ferias de autos chutos en Yapacaní o en Camargo? Quien más quien menos sabe lo que sucede en esa unidad especializada de la policía dedicada a la gestión de vehículos; como encuentra, como pierde y cómo atrapa a incautos conductores pasados de copas cada fin de semana.
La cuestión es que la reacción en cadena de los mandos técnicos y políticos va dejando el típico rastro de quien aspira a resistir hasta que pase la tormenta, esconder o salvar lo que se pueda, etc., porque las cosas no son para siempre.
La reacción inmediata, obviamente, ha sido cargar contra los citados en la prueba, apartarlos, denunciarlos, hacer discursos contundentes sobre “los malos policías” y probablemente pronto circularán sus fotos enmanillados y demás.
Después han venido el resto de declaraciones forzadas: el ministerio de Defensa ha anunciado un operativo sorpresa, sí, como suena: ha anunciado un operativo sorpresa para detectar autos chutos. Curiosamente en la bancada del Movimiento Al Socialismo se mueve desde hace días un proyecto de ley para legalizar por enésima vez los autos chutos existentes en el país.
Por otro lado, el ministro de Gobierno ha vuelto a utilizar aquello de que los malos policías de Diprove serán movidos. Sí, movidos. No expulsados. No sancionados. Removidos. Ya lo hizo cuando saltó el escándalo de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico. ¿Será que los policías corruptos sí sirven para la FELCV o la FELCC? ¿Es esto posible? Aún sin polígrafo por el medio, la declaración es un despropósito.
Lo cierto es que hay un problema mayor que se ha enraizado en prácticamente todas las dependencias del Estado y atenaza ya cualquier respeto a la institucionalidad. Es la Policía, es la Justicia putrefacta, es la Fiscalía al servicio del poder, son todos los resortes pensados para proteger al Estado corrompidos y entregados eclipsando cualquier cosa que se pueda estar intentando hacer bien.
Los que mandan deberían estar más atentos al humor del pueblo que tantas veces ha provocado estallidos irreversibles, y hasta el aguante se esfuma.


