La segunda oportunidad del gas natural
Nada nuevo se observa que seguir dando vueltas a viejos proyectos de exploración tradicional que ya nadie quiere hacer por YPFB, y la recuperación de algún proyecto de industrialización del gas asociado a la urea que llevan más de 15 años en el cajón.
Pasado el 1 de mayo y todo el ritual de veneración hacia la tercera nacionalización de los Hidrocarburos de 2006, honrada con mayor o menos ahínco en todo este tiempo, la cruda realidad vuelve a imponerse y a mostrar las costuras de lo que no se hizo, algo que resulta especialmente evidente en la coyuntura actual.
Y es que las potencias mundiales han indultado al gas natural dentro del plan para evitar el calentamiento global del planeta. A diferencia del carbón y el petróleo, sí se contempla que se siga utilizando el gas natural para mover vehículos y generar electricidad térmica, recomendablemente de ciclo combinado, al considerar que no es tan dañino como sus pares y, por ende, se entiende como un combustible de transición hacia los modelos eléctricos, que como es bien sabido, deparará otras guerras no menos interesantes por el control de los minerales como el litio – sí, obvio - y las tierras raras, y dejará el mundo también agujereado.
La sola mención de la transición ya estaba elevando los precios de los energéticos sobremanera, porque evidentemente nadie quiere irse de la fiesta sin apurar hasta la última ronda, y precisamente uno de los países más afectados por estas decisiones geoestratégicas, Rusia, ha roto la calma invadiendo Ucrania y elevando por fin los precios del petróleo sin complejos por encima de los 100 dólares, además de provocar el mayor movimiento negociador de abastecimiento de gas natural en el planeta y de paso, provocado el pánico en el sector agroindustrial por el suministro de fertilizantes, ya que a Europa y Estados Unidos no se les ocurre otra forma de combatir a Rusia que con un bloqueo económico – vistos los buenos resultados del de Cuba, tal vez -.
No es sorpresa decir que esta segunda oportunidad planetaria al gas natural ha vuelto a encontrar a los jerarcas del sector en Bolivia de nuevo distraídos en otras cosas, pues nada nuevo se observa en el discurso que seguir dando vueltas a viejos proyectos de exploración tradicional que ya nadie quiere hacer por YPFB, y el descubrimiento de algún proyecto de industrialización del gas asociado a la urea que llevan más de 15 años en el cajón.
El tiempo pasa demasiado rápido como evidencian los propios megacampos San Alberto y San Antonio, descubiertos en los 90, magníficos productores en 2010, medio secos ahora. El problema mayor es que no hay una reposición de reservas por otra cuestión evidente: la estrategia ha fracasado, pero nadie se atreve a reaccionar ni a cumplir con el decreto de nacionalización, que exige la constitución de YPFB como actor principal en todas las fases de la cadena, incluyendo obviamente la exploración.
No es tiempo de maquillajes políticos ni de cálculos electorales. Ni siquiera es necesario reconocer que algo va mal, pero lo que es ineludible es cambiar la estrategia para que Bolivia y Tarija sean capaces de aprovechar esta nueva oportunidad que se le ha cruzado al gas natural y que con toda probabilidad será la última. Urge abrir los debates y tomar las decisiones.


