Los desafíos del mercado laboral
Fomentar la productividad y la competitividad, potenciar la alta cualificación y acomodarla a los desafíos del momento para redundar en la necesaria mejora de las retribuciones es el gran reto
Desde hace demasiados años, el día del Trabajador en Bolivia se ha reducido a ser el día del incremento salarial, un mecanismo más simbólico que real que ha capitalizado todo el interés en el supuesto diálogo social entre Gobierno y Central Obrera sin atender los verdaderos problemas del grueso de la clase trabajadora en el país, que tiene problemas mucho más acuciantes de los que nadie se está preocupando.
Básicamente se ha convertido en una operación de márketing. Se trata de dar un anuncio más o menos jugoso con el que los dirigentes de la Central Obrera Boliviana también puedan sacar pecho ante los suyos. Después, a la hora de la verdad, y después de tantos estragos, parece que ya a nadie le importa si se aplica o si por el contrario, produce más cierres de empresa, más despidos y más quiebras.
El ejercicio de cinismo de este 2022 ha sido notable. Primero se anunció una cifra para la negociación, después se duplicó en el acuerdo: 4 por ciento al mínimo, 3 por ciento al básico, pero ni bien se apagaron los flashes, el ministro de Economía llegó a precisar los alcances: solo para el sector público en las áreas de Salud y Educación – con lo que respiran tranquilos muchos jerarcas de la administración subnacional -, mientras que para los privados el asunto se deja a la suerte de la negociación “donde haya sindicato”. Al final, porque hay que ganar, insisten en la obligatoriedad. El anuncio ya ha circulado lo suficiente, aunque queda por ver dónde se podrá aplicar.
Hacen falta pocas clases de economía y menos terapias de motivación, tampoco son necesarias esas campañas enfocadas a recuperar la confianza del consumidor y a disparar la euforia del emprendedor. El empleo no se recupera al ritmo que se esperaba, la informalidad se cuela por todas las rendijas, la inversión pública no avanza y una cosa es decir que en Bolivia no hay desempleo, porque aquí el que no se mueve, no come, y otra estar satisfechos con índices de informalidad por encima del 80 por ciento.
Los pocos trabajadores formales, que son pocos pero importantes, pues sobre ellos recae la responsabilidad de buena parte de ese motor de la economía que es el consumo interno, la inversión, la compra de vivienda, etc., son conscientes de que el incremento no lo es todo, pero hace tiempo que a la Central Obrera Boliviana le han dejado de importar asuntos como la conciliación, el desempleo, la inserción laboral joven, la brecha salarial entre hombres y mujeres y otros aspectos tanto o más importantes que la jubilación o el estado de las cajas de salud, cada vez más calamitoso.
En Bolivia es necesario un pacto tripartito que incluya nuevos parámetros para evaluar la calidad del trabajo, que fomenten la productividad y la competitividad, que potencien el desarrollo, la formación y la alta cualificación, que se acomode a los desafíos del momento y que todo ello redunde en la necesaria mejora de las retribuciones. El empleo en Bolivia requiere una revolución acorde a los tiempos. Pero ni siquiera ha alguna opción de sentar las bases del diálogo.
Ojalá pronto dejemos de cruzar los dedos en cada una de estas. Mientras tanto, Feliz Día de Trabajador a todos.


