La pandemia que no se ha ido
Todos los Estados han enfrentado la crisis del Covid en sus países con más Estado, todo el tiempo, de principio a fin. Es tiempo de enfrentar el futuro
Aunque todo el mundo está agotado y las medidas anticovid prácticamente se vienen desvaneciendo por pura inanición, la pandemia sigue estando ahí y los indicadores no son los más halagüeños en esta parte del mundo. Con todo, la experiencia de dos años bregando con la pesadilla nos permite ser mucho más objetivos a la hora de ponderar las acciones e identificar los riesgos, una madurez que permite una conciliación que, al menos, permite la subsistencia del comercio y el retorno a las tareas escolares.
Es esa misma experiencia la que nos debe permitir identificar errores cometidos a lo largo de la gestión de la crisis para no volver a repetirlos, así como entender las cosas positivas que han sucedido también en este tiempo para mantenerlas y darles vuelo.
De esto último, por ejemplo, el salto tecnológico que han dado empresas y colegios no debería permitir una vuelta atrás sino todo lo contrario, la forma de trabajo ha resultado ser más eficiente.
Lo mismo con el horario continuo o la flexibilidad de horarios, sobre todo en las grandes ciudades, deberían ser asuntos a abordar en un gran diálogo intersectorial y no dejarlo a la conveniencia o la negociación de empresas y trabajadores.
También en todo lo que hace referencia a hábitos de higiene y distancia social, que no solo enfrenta al covid sino a otras muchas enfermedades rutinarias a las que también hay que combatir.
Con todo, son muchas más las carencias que la lucha contra el virus ha evidenciado y que no deben quedarse en el olvido.
Por ejemplo, es necesario que los bolivianos en general y tarijeños en particular aprendamos a utilizar el sistema primario de salud, sí, las postas, que han jugado un rol importante en la atención de casos en barrios y zonas de la ciudad a pesar de no tener apenas información, porque prácticamente todo se centraliza en el hospital principal.
Igualmente ha quedado en evidencia que el sector público necesita fortalecerse de verdad, algo que va más allá del SUS, pero también que el sistema privado de cajas para trabajadores no ha sido capaz de estar a la altura en la pandemia, ni en el diagnóstico ni en el tratamiento: siempre llegaron tarde.
Además, es preciso encontrar maneras para que la kermesse no sea la esperanza de todo un barrio para salvar la vida o que los familiares deben peregrinar por toda la ciudad para encontrar un insumo básico para el tratamiento de esa patología como el oxígeno, por ejemplo.
No son solo cosas de salud, por ejemplo, es necesario también poner en marcha el servicio de correos, el de verdad, el de los buzones, el de los números de casa, ese que permite entregar notificaciones a los vecinos, pero también ubicar al repartidor de Amazon o DHL sin tener que tirar de teléfono de forma permanente.
Y por supuesto, necesitamos encontrar maneras que aseguren la actividad profesional formal en momentos de crisis, pues el daño que hace el desempleo al dinamismo de la economía es ciertamente desesperante.
Todos los Estados han enfrentado la crisis del Covid en sus países con más Estado, todo el tiempo, de principio a fin. Bolivia no ha sido el país que peor lo ha hecho, ni tampoco el mejor, por ello, no es tiempo de lamentarse de lo realizado, o no, sino de mirar al futuro con energía. La próxima vez debemos estar preparados.


