Los debates de la Madre Tierra boliviana que queda
Los hidrocarburos, los transgénicos, la minería y la transformación energética, entre otros, son asuntos que no se definen desde la óptica del medioambiente, pero tampoco se avanza en otros ejes
Este nuevo día Internacional de la Madre Tierra nos vuelve a pillar en Bolivia muy conflictuados respecto al futuro, y es que hace tiempo que los furores juveniles de 2006, cuando se izaban las banderas del medioambiente en el país y se apelaba a los equilibrios entre la vida humana y la naturaleza, han pasado a mejor vida.
No es que Bolivia haya pasado a ser un productor neto de dióxido de carbono ni nada parecido, sino que el asunto ha dejado de ser una prioridad estratégica en el país. Ya nadie es capaz de anteponer “los derechos de la Madre Tierra” a los buenos negocios extractivos. Y es que fuimos pioneros en introducir el debate y hacer menciones en la Constitución, aunque ciertamente no llegamos tan lejos como los vecinos ecuatorianos, que la reconocieron como sujeto jurídico, pero hoy es simplemente un asunto dejado al costado del camino.
La brecha se abrió con el TIPNIS y la carretera que desde hacía tiempo se venía impulsando por el centro de la Reserva, un proyecto desarrollista de los clásicos, de los que iguala desarrollo y cemento y no entiende de otras alternativas. Aquello rompió el idilio que el Movimiento Al Socialismo vivía con las comunidades indígenas por los asuntos de la identificación de liderazgos culturales. Una carretera se colocó por delante de todo.
Hasta entonces había habido algunos otros momentos de duda. Acuerdos petroleros, negocios mineros a cielo abierto, la apertura de espacios a las transnacionales… pero poco a poco todo fue creciendo.
El acercamiento a los gigantes de la Cámara Agropecuaria del Oriente, los de las grandes plantaciones de soya, abrió el camino para permitir “la investigación” con semilla transgénica en determinados productos, que se llevaron su impulso definitivo cuando se apostó por el bioetanol y demás para el biodiésel que acabó impuesto en la mezcla subvencionada. Desde entonces no ha parado de crecer sin que nadie recuerde los derechos de una Madre Tierra que consume nutrientes a velocidad de vértigo.
La otra gran área sufriente fue la de los hidrocarburos; hasta seis decretos presidenciales fueron armando un nuevo escenario acorde a la exploración en zonas no tradicionales, que resumidamente pasaba por ingresar a las Áreas Protegidas y ya estudiadas. Las urgencias exigidas debido a la baja producción y a los continuos fracasos en la exploración convencional llevaron a apostar por esa vía rápida dejando de lado todo el resto del discurso de la Madre Tierra. En esas, el debate sobre la técnica de la fractura hidráulica, menos agresiva que hace diez años, pero con riesgo evidente en los acuíferos sigue pendiente.
En general el Estado hace la vista gorda con los negociados de la minería, con los madereros, con las conversiones al gas, con los incendios… con demasiados sectores como para seguir presentándose como el guardián de las esencias.
En esta tesitura, es preciso retomar los debates y hacerlo con sinceridad, sin preocuparse tanto del qué dirán y más del qué han hecho por sí mismos.


