La pesadilla recurrente de Margarita

Seguramente convendría estar discutiendo otras potencialidades del departamento, las técnicas, los proyectos y qué precisamente hacer con nuestro gas y no las migajas de las regalías que tienden a su desaparición

Como en un eterno e incómodo viaje al pasado, hoy se abren los sobres de las empresas proponentes para realizar el estudio del factor de distribución del megacampo Margarita, unido al de Huacaya en 2012 para facilitar las cosas a la transnacional Repsol, que operaba ambos, y que ya entonces se saldó con una determinación absurda, que sin embargo fue aceptada por la institucionalidad tarijeña.

Aquel estudio informó de la existencia de tres reservorios distintos dentro del área, de los que para Tarija correspondía el 75 por ciento y para Chuquisaca el 25 por ciento, sin embargo, los pozos solo succionaban desde uno de ellos, que era el verdaderamente compartido y cuyo factor de distribución establecido por la empresa Gaffney and Clide era próximo al 55 por ciento para Tarija y 45 por ciento para Chuquisaca.

Como era todavía el tiempo de la expansión del sector y las perforaciones se mantenían a ambos lados de la línea de la frontera en el nuevo campo compartido, las regalías específicamente extraídas desde Margarita no dejaron de crecer, por lo que todos se quedaron más o menos satisfechos. Años después se develó que esto sucedía así y que el factor de distribución empleado era el 55%, pero no pasó nada.

En 2012 hubo muchos meses de tensión, incluido el paro más largo de Tarija – hasta 2019 – que argumentaba lo dispuesto en la Constitución sobre el punto de fiscalización y pedía que se cumpliera con ello, ya que se señalaba que artificialmente se estaba llevando el gas hasta Margarita para ahorrar la inversión en infraestructuras.

Aquello se levantó después de una extraña reunión con Juan Ramón Quintana a la que acudieron prácticamente todos los políticos en activo de la época. Se determinó que Tarija haría su propio estudio, pero bastaron unas semanas para darse cuenta que el entonces gobernador interino, Lino Condori, del MAS, no lo haría. Nunca lo hizo.

La intención de abrir hoy de nuevo esta discusión parece incluso forzada para tratar de eludir alguna otra discusión de las que conciernen hoy al departamento. Si los reservorios ya estaban determinados y lo único que se hace es aumentar puntos de perforación, eso no debe afectar al factor de distribución, pues como se justificó entonces, la idea de unir un campo era que desde cualquier punto del que se iniciara la extracción acabaría vaciando. Sin embargo, como los últimos pozos se han planteado al norte, Chuquisaca ha pedido la revisión sin que ni siquiera se haya certificado la reserva disponible en ese campo.

Seguramente convendría estar discutiendo otras potencialidades del departamento, las técnicas a utilizar en nuevos proyectos, la necesidad de crear una reserva estratégica que garantice los proyectos de industrialización y qué precisamente hacer con nuestro gas, pero la pesadilla parece volvernos a arrastrar a este escenario repetitivo de discutir las migajas de las regalías que tienden a su desaparición en lugar de poner el ojo en el mercado de las utilidades y el futuro. Así nos va.


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