Un acuerdo a tres bandas por el mar y la paz
Crear un espacio trinacional de integración implica paciencia y determinación, además de mucha convicción, y no hay duda de que la iniciativa la debe llevar Bolivia, que es el que no tiene mar
No ha habido ni mucho menos el mismo fervor que acompañó en su momento cada paso de los que se dieron en el último juicio que Bolivia y Chile enfrentaron en La Haya y donde volvimos a perder el mar cerrando esa vía de forma definitiva. El asunto del Silala parece ser mucho más sólido que aquella estrategia venturosa de permitir un acceso al mar para salvaguardar unos derechos expectaticios que de lo contrario, podrían “desestabilizar” la región. Básicamente se trata de un río canalizado hacia Chile con un convenio de uso caducado, pero claro, las experiencias previas junto a la imprudente reacción posterior al fallo de 2018 invitan a no ser especialmente optimistas.
En cualquier caso, tanto el Gobierno boliviano como el chileno esperan que este sea el último choque de este tipo, heredado de los gobiernos antagónicos de Evo Morales y Sebastián Piñera, y se empiece a construir una nueva relación que sea fructífera para todos. Luis Arce, económicamente pragmático, y Gabriel Boric, obligado a cambiar la dinámica vecinal con el continente, pueden encontrar atractivo el buscar nuevos caminos diplomáticos.
En Bolivia se delinearon numerosos planes posteriores a la derrota en La Haya, tanto para mejorar los accesos al comercio mundial – bien por Ilo, bien por la Hidrovía a Rosario – como para perjudicar a Chile y sus puertos del norte, de gestión privada y ciertamente abusivos con el transporte boliviano. Lo cierto es que la única realidad que se pudo haber materializado era el tren a La Paz, y quedó paralizado. Después, la lógica empresarial de eficiencia se ha impuesto sobre el resto de aventuras a las que básicamente no se les ha puesto la financiación ni las ganas necesarias para desarrollarlas.
Si a todo esto se suma la emergencia de Pedro Castillo en Perú, necesitado de llevar proyectos y desarrollo fuera de Lima y concretamente al sur del país, que como el norte de Chile, es de las zonas más pobres y más amenazadas, parecen darse las condiciones para que se busque un acuerdo tripartito que desarrolle esa zona de encuentro, que deje de ser frontera y pase a ser lugar de integración, algo así como el plan trifinio que en su momento firmaron Honduras, Guatemala y El Salvador y les ha permitido desarrollar zonas deprimidas o conservar la Reserva de la Biosfera del mismo nombre.
Sin duda nada es fácil y hace falta ponerle ganas e imaginación; crear un espacio trinacional de integración implica paciencia y determinación, además de mucha convicción, y no hay duda de que la iniciativa la debe llevar Bolivia, pues en este caso, es quien no tiene mar y quien tiene más que ganar. Hay que buscar los elementos, la financiación, los socios y empezar la tarea diplomática.
O también podemos quedarnos sentados, lamentando nuestra mala suerte, las injusticias de hace dos siglos, tal vez preparando una guerra o una invasión, o apelando a los Dioses para que nos ayuden a volver al mar porque lo dice la Constitución.


