La nueva Sudamérica en el tablero mundial

Los intereses chinos y estadounidenses vienen configurando el tablero mundial de aliados y enemigos, mientras que en el sur global surge la idea de la emancipación real

 Muchas voces vienen señalando que la invasión de Ucrania por parte de Rusia viene a ser una especie de interferencia en el gran duelo de este siglo y que no se acaba de materializar en un enfrentamiento directo, y que no es otro que el de China y Estados Unidos. Vladimir Putin, que lleva más de 20 años en el poder, ha cortejado con ambas potencias sin acabar de recibir la atención de ninguna: al inicio del siglo, en los tiempos en los que Putin arraigaba el liberalismo nacionalista se llegó a considerar la inclusión de Rusia en la Unión Europea y la OTAN como algo factible; después ha pretendido en varias ocasiones una alianza más formal con el régimen chino precisamente por el rechazo al bloque OTAN, su homólogo anglosajón que opera en el Pacífico y el Índico y la permanente amenaza de boicot mutuo.

Estados Unidos sí ha tomado un papel más activo en el conflicto – de hecho, es el promotor del proyecto del escudo antimisiles en las puertas de Moscú -, pero sin poner una bota en el terreno se ha llevado ya buena parte del negocio gasífero de Europa.

China se ha mantenido más cauto, porque también importa mucha materia prima y alimento desde Ucrania y porque su tradición diplomática así se lo exige, aunque evidentemente es feliz de tener más abierto y accesible el mercado ruso del gas y el petróleo.

La cuestión es que mientras se resuelve aquel lejano conflicto en el centro de Europa, las otras dos potencias siguen moviendo sus hilos por el resto de los continentes, sobre todo en África, donde a cada rato se declara un nuevo golpe de Estado en alguno de los países del Sahel, y en América del Sur, inmersos como estamos en un nuevo proceso de profundización ideológica.

Los últimos resultados electorales, con triunfos de la izquierda más o menos nacional popular en Chile y en Perú, donde tradicionalmente gobernaba la derecha o la socialdemocracia muy moderada, indican el cambio de rumbo. También la victoria de Luis Arce en Bolivia tras la breve y catastrófica experiencia de once meses con un gobierno de derechas. Si finalmente se confirman los resultados de los sondeos en Colombia y Brasil y ganan Petro y Lula, el giro será prácticamente completo y en un contexto más maduro que el que se encontró en la segunda mitad de la primera década, cuando igualmente coincidieron muchas voluntades que seguramente fueron excedidas por la inexperiencia o la debilidad.

Romper la hegemonía de la OEA como organismo de arbitrio en Sudamérica; sustituir la Corte Interamericana e impulsar el Banco del Sur, repatriando las reservas internacionales, son planes que esta vez no deberían quedarse en planes, pero eso la administración Biden ya lo contempla, y ya ha empezado a mover todos sus hilos diplomáticos y demás: La extradición del expresidente de Honduras por narcotráfico, el acercamiento a Nicolás Maduro para retirar sanciones petroleras con la excusa de la guerra de Ucrania, las operaciones de la DEA que involucran a ciudadanos bolivianos, o la propia supervivencia de Castillo en Perú son ejemplos de que busca mantener abierto “el patio trasero” para contrarrestar la influencia China, que realmente ha “cautivado” a muchos gobiernos por su pragmatismo nada bucólico de hacer las cosas.

Cuando se supere lo de la invasión a Ucrania, para bien o para mal, habrá que estar atentos a los siguientes movimientos en el tablero. Ojalá esta vez se encuentren con un subcontinente unido y dispuesto a defender sus propios intereses y no los de otros.


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