Una salud por cambiar
Las diferencias en los sistemas acaban causando grandes diferencias entre países y al interior de los países, es una de las causas frecuentes de migración y también de quiebra sobrevenida
El Día Internacional de la Salud vuelve a encontrar a Bolivia en medio de la crispación política, paros de “mil servicios” y otras muchas amenazas que, como siempre, acaban pagando los ciudadanos usuarios (o no) del sistema de salud sin que nunca se resuelva su elemental precariedad, sin embargo, a nivel mundial todos los gobiernos se encuentran inmersos en debates profundos sobre qué hacer con el sistema de salud después de la pandemia, que ha dejado devastada la Sanidad Pública.
El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, en reconocimiento a la salud como un derecho básico y universal, así como una fecha elegida para fomentar el acceso a la atención sanitaria de calidad en todas las regiones del mundo, especialmente en la población de escasos recursos. En Bolivia, más allá de los dispuesto en la Constitución, la salud sigue siendo fundamentalmente un servicio que se presta en términos mercantiles en el que hay una transacción entre médicos y pacientes a veces intermediada por el Estado y, casi siempre, por la urgencia de último momento.
La fecha recuerda también la fundación de la Organización Mundial de la Salud, esa organización precisamente impulsada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para “generar conciencia sobre las enfermedades mortales mundiales y fomentar hábitos sanos en las personas” y que de un tiempo a esta parte ha estado en el ojo del huracán precisamente por la forma en la que se ha gestionado la pandemia.
Lo cierto es que las intenciones en la materia son siempre buenas, pero limitadas. La respuesta a la pandemia se coordinó más desde la Organización Mundial del Comercio que desde la de la Salud: al principio insistieron en que no eran necesarios los barbijos cambiando de opinión meses después, aparentemente cuando ya “la industria” estaba preparada para proveer de este insumo. Después vino el escándalo de las vacunas, que sigue hasta hoy, donde los países ricos acapararon toda la producción, incluso cuatro veces más vacunas que población, como en el caso de Europa, para al final pretender justificarse haciendo “donaciones” con la fecha de vencimiento cada vez más cerca.
Las diferencias en la gestión de los sistemas de salud acaban causando grandes diferencias entre países y al interior de los países, es una de las causas frecuentes de migración y también de quiebra sobrevenida, porque sí, el sistema privado de salud puede llegar a ser muy voraz, y hay con cosas con las que no se juega.
La pandemia dejó al descubierto todas las carencias del sistema de salud boliviano, que van desde las mínimas medidas de bioseguridad hospitalarias hasta los dudosos juramentos hipocráticos de algunos profesionales. El SUS sigue sin funcionar como debiera y quizá es el momento de echarlo todo abajo y empezar de nuevo. Bolivia necesita más y mejores médicos, más disciplina en los diagnósticos y tratamientos y una cultura de tratamientos preventivos que evite precisamente el colapso de los servicios, y esto es muy difícil de lograr cuando los que administran lo público y lo privado son los mismos. Es momento de cambiar las cosas.


