Las presiones del gas, y sus precios
La renegociación de la adenda de exportación con Argentina está siendo particularmente difícil por las pocas alternativas y las muchas urgencias que atenazan el sector de Hidrocarburos
La renegociación de la sexta adenda al contrato de gas natural que Bolivia exporta a Argentina empieza a atragantarse, señal de que por mucha sintonía política que puedan mostrar dos gobiernos, al final los negocios mandan.
El problema, evidentemente, tiene que ver con la coyuntura del momento: el precio del petróleo y del gas natural está disparado a nivel mundial, sobre todo en el mercado del Gas Natural Licuado (GNL) transportado en barcos metaneros y que desde Qatar y Estados Unidos empezó a ganar terreno en las dos últimas décadas en un mercado más flexible y sensible a la demanda que el que se conforma en una relación tradicional con la transacción por ducto.
Claro, ni Qatar ni Estados Unidos tienen muchas posibilidades de llegar por ducto hasta el mercado más relevante en esta materia, que es Europa, donde sí llega el gas ruso o el de Argelia y Libia, pero ese es otro asunto en el que no vamos a entrar de pleno en este editorial, porque la cuestión es que Argentina, que tiene uno de los yacimientos de gas no convencional más importantes del mundo y un contrato vigente de importación desde Bolivia, también se metió en el mundo de la licuefacción, pero con los precios disparados, ha vuelto a poner los ojos en Bolivia.
La negociación de la última adenda entre el Gobierno de Mauricio Macri y el ministro Luis Alberto Sánchez por el Gobierno de Evo Morales fue a cara de perro e incluyó prácticas extorsivas por doquier. Argentina literalmente dejó de pagar el gas seis meses hasta que Sánchez acabó cediendo en febrero de 2019 a rebajar la compra obligatoria de volúmenes, además de experimentar nuevas fórmulas de cálculo de los precios. Al final, de los 20 millones de metros cúbicos diarios se quedaron en 11 durante el año, subiendo a 16 en los meses de invierno, que es cuando la demanda evidentemente es más alta. En estas, que Argentina conociera al dedillo nuestros problemas exploratorios y la decadencia de nuestros principales campos no ayudó para nada.
En tres años las tornas han cambiado poco, aunque las urgencias exploratorias en Bolivia son mayores y la ventaja del precio del gas por ducto respecto a los metaneros, abismal, de ahí que el gobierno argentino esté presionando para incrementar lo más posible el volumen a comprar desde Bolivia, donde también hay urgencias de liquidez.
La solución inmediata ha sido un nuevo aplazamiento de la negociación, un mes más que lo llevará directamente a las puertas del invierno sin solución y quién sabe qué escenario bélico condicionando los precios a nivel mundial.
Bolivia debe encontrar sus propias soluciones a sus agobios pronto, pues de lo contrario, somos prácticamente un paria en la mesa de negociación. Incrementar las reservas existentes ya no es una opción, pues el mecanismo de asociación con las petroleras, claramente, no ha funcionado. El incremento del precio de la energía no es solo coyuntural, sino que tiene que ver con los planes de descarbonización y abandono progresivo del petróleo. Planes que han indultado al gas natural, dando una nueva última oportunidad a Bolivia de hacer algo razonable con sus riquezas. Sin duda, es ahora.


