La falsa narrativa de la invasión de Ucrania
El mensaje, en cualquier caso, es para todas las naciones del mundo. El falso multilateralismo comandado por la OTAN no garantiza la paz de nadie.
Cuarenta días después de inicio de la invasión rusa de Ucrania, lo que viene quedando claro es la imprevisibilidad de Vladimir Putin, y la terrible obsecuencia de los medios occidentales pro OTAN, que hace tiempo han dejado de hacer periodismo para ponerse al servicio de los intereses geoestratégicos de su alianza, algo que afirmamos con dolor por lo que le cuesta precisamente al periodismo en un momento delicado como el actual, donde se necesita mucha luz sobre tinieblas.
Durante muchos meses, la OTAN vino advirtiendo de la probable invasión, mientras que sus medios jugaban a negarla y a minimizar el poderío militar ruso, como si el mensaje estuviera destinado a no asustar a los lectores.
Cuando finalmente se produjo la invasión, el círculo pro OTAN ha insistido en colocar varios mensajes que poco o nada tienen que ver con la realidad que se percibe en el campo de operaciones.
La principal es insistir en que Putin había diseñado una victoria rápida y que ahora se ve sorprendido por la resistencia ucraniana. Algunos hasta han aventurado que sus colaboradores no le informan bien. Curiosamente son los mismos que insisten en que Putin lleva planificando su reivindicación, al menos desde 2014.
Se hace bastante increíble creer que un presidente experimentado como Putin, que ya lleva unas cuantas guerras a sus espaldas, pudiera creer que invadir Ucrania sería un paseo militar y que los pobladores se rendirían a sus pies. No lo fue ni en Chechenia ni en Osetia, y apenas se puede decir que sí lo fue en Crimea, porque de facto ya era una región rusa a todos los efectos.
La otra es asegurar que las sanciones están estrangulando al régimen de Putin, cuando está a la mano la información de que Rusia sigue comerciando libremente con China, con India, con el resto de Asia, África y con toda América Latina, donde nadie se va a negar a seguir comprando ni el gas ni los fertilizantes rusos, además disparados de precio. Y es que además, la propia Unión Europea sigue comprando el gas y el petróleo ruso. Medios independientes especializados señalan que Europa va a pagar unos 100.000 millones de euros más por los precios disparados, así que lo cierto es que la U está financiando la guerra en Ucrania, por mucho que les cueste reconocerlo a sus satélites informativos.
La UE y la OTAN han mostrado verdadera miseria moral en estas semanas, por ejemplo aplicando sanciones que no se aplican a otros países participantes en operaciones ilegales similares; dejando el pago del gas al margen de las sanciones del Swift, o, sobre todo, cuando proclaman que responderán con fuerza a un ataque a un país OTAN, dejando claro que Ucrania es de segunda. Lo único que han sabido hacer es enviar armas para asegurar la carnicería.
Ucrania está cediendo porque no le queda más remedio. Porque sus demandas hacia la OTAN no son escuchadas y porque Rusia avanza lo suficientemente despacio, pero decidida para quebrar además el espíritu de los ucranianos. Zelenski ya ha retirado la intención de entrar en la OTAN – donde en realidad solo quieren que les ceda territorio para colocar los misiles – y está dispuesto a desmilitarizarse logrando un “estatus de neutralidad”. Si sigue en la orfandad, no le quedará más remedio que negociar la desmembración de su Estado y quién sabe qué más. Todo por los afanes belicistas de OTAN y las ambiciones económicas de la UE, que solo querían trigo y aceite barato.
El mensaje, en cualquier caso, es para todas las naciones del mundo. El falso multilateralismo comandado por la OTAN no garantiza la paz de nadie. Hay que anoarlo.


