Asumir el cierre del Sedeca
El futuro pasa por una entidad especializada de ingenieros probos, seguramente muchos rescatados desde el mismo Sedeca, capaces de diseñar y supervisar la ejecución de los proyectos
El asunto del Servicio Departamental de Caminos (Sedeca) requiere evidentemente mucha firmeza. La entidad ejecutora de proyectos de la Gobernación de Tarija era insostenible. La entidad fue inflada hasta el extremo en las gestiones tanto de Mario Cossío como de Lino Condori, donde se convirtió en algo más que una empresa caminera a base de “músculo” y “carne de cañón” para muchas “operaciones especiales” que incluían movilizaciones, bloqueos y demás y para lo que se multiplicaban los proyectos de ejecución directa, que hoy hablan por sí solos.
La cuestión no hubiera sido muy diferente si los proyectos administrados por gestión directa que se concentran por todo el territorio y tienen la Bermejo – San Antonio como ícono hubieran ido mejor, que no es el caso, porque aun así, los costos laborales enmarcados en el proceso interno de apreciación de los últimos quince años en el país, con sus dobles aguinaldos y sus incrementos salariales luego de que se reconozca el estatus de empresa acabando con el paraguas de la función pública y sus privilegios de contratación.
La cuestión es que una entidad de ejecución directa de proyectos carreteros, con lo que supone a nivel de maquinaria e ingeniería, es un anacronismo en este 2022 y no hay nada parecido en el entorno ni en ningún otro país con aspiraciones desarrollistas, por lo que el cierre de la institución en un momento de crisis de ingresos como el actual es una difícil decisión de gestión que debía tomarse, y así se hizo, aun entendiendo que se deja en una situación complicada a decenas de familias en plena crisis postpandémica y con la inflación desbocada, gente a la que hay que respetar y no subestimar.
El futuro pasa por una entidad especializada de ingenieros probos, seguramente muchos rescatados desde el mismo Sedeca, capaces de diseñar y supervisar la ejecución de los proyectos que siguen haciendo mucha falta en el departamento, donde las comunicaciones no son fáciles y muchas de las vías construidas empiezan a hacerse pedazos.
Seguramente se pueden hacer esfuerzos para que los trabajadores puedan constituirse en emprendimientos productivos relativos a su amplia experiencia, y quien sabe si incluso buscar formas creativas de beneficiar esa relación, pero ya sin afectar a los recursos públicos.
La Gobernación de Tarija empieza a ver la luz al final del túnel después de un año complicado en el que ha tenido que hacer esfuerzos y pedir esfuerzos para contener el gasto y acomodarlos a unos recursos en declinación, también en este momento de incremento de precios del petróleo. Las decisiones más dramáticas tantos años postergados se han ido tomando, y es hora de salir del pozo.
Es abril, el mes de nuestra liberación, un mes para renovar las esperanzas para con Tarija, un mes para recordar a nuestros próceres y los objetivos. Librarse de cadenas que amenacen nuestra soberanía es un objetivo imprescindible. Ser sostenibles en el tiempo no es negociable.


