Los porqués de los riesgos con el gas
Para Bolivia hay una nueva oportunidad, pero que requiere de decisiones estratégicas de fondo, que deben ser explicadas y debatidas tras el fracaso del modelo actual
Los combustibles fósiles tienen los días contados, salvo el gas, que si todo va según lo previsto, vivirá una segunda primavera, constituyéndose en la principal materia prima para impulsar el desarrollo energético aunque toda la comunidad científica recuerde que también contribuye al calentamiento global, aunque menos.
Este plazo de finalización, esta muerte anunciada, está de alguna forma pervirtiendo el mercado un poco más y quién sabe qué papel está jugando en los grandes movimientos geopolíticos del mundo, como la reciente invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas, que es a su vez el principal proveedor de petróleo y gas a Europa y que, voilá, pasará a ser el principal cliente de Estados Unidos por aquello de las sanciones más que impuestas, autoimpuestas.
Para Bolivia es claramente una nueva oportunidad, pero que requiere de unas cuantas decisiones estratégicas de fondo, que deben ser bien explicadas y públicamente debatidas, pues el modelo de negocio actual, basado en la exploración tradicional, delegada además en empresas transnacionales a las que no se les obliga a reinvertir y sin activar la responsabilidad real de YPFB en toda la cadena, ha sido un fracaso.
La cuestión pasa por la explotación de las reservas no convencionales que como indican los geólogos, están disponibles en el subsuelo, como evidentemente se podía prever por la realidad geológica de la nación altiplano – valle – llanura chaqueña y amazónica. Las primeras estimaciones, eso sí, siempre optimistas, hablan de reservorios tres veces mayores que los de Vaca Muerta, en el sur argentino, precisamente en las faldas de las estribaciones andinas.
La técnica de la fractura hidráulica tiene sus riesgos, pues no es otra cosa que acelerar un proceso de maduración del campo gasífero, perforando horizontalmente en la profundidad indicada y haciéndolo volar todo por los aires, para después sacarlo a superficie utilizando presiones de agua. Es lo que en su origen más rudimentario alarmó a toda la comunidad científica, que vio cómo se arrasaban acuíferos elementales, pero que no detuvo el desarrollo de la técnica ni en Argentina, ni en Chile, ni en Rusia, ni, sobre todo, en Estados Unidos, que se ha llegado a convertir en exportador neto.
En esta transición aparecen también los proyectos en las zonas de influencia de las Reservas Naturales, un paso intermedio también dado por todos los países de la región, que acabaron convencidos de que las urgencias económicas y las garantías técnicas que ofrecen las petroleras hoy, compensaban el riesgo.
La clave, sin embargo, no es convencer de la necesidad de ingresar más recursos por una cosa o por la otra, sino explicar con detalle qué es lo que se pretende hacer con esos recursos. Cómo realmente los hidrocarburos extraídos con los riesgos asumidos servirán como palanca de cambio de un modelo extractivista agotado. Lo demás son regalías, recursos para gasto corriente, obras entregadas a primos y amigos, grandes borracheras de gasto público y otras comparsas que apenas han servido para maquillar excesos y ganar elecciones inmediatas, sin que la mentalidad cambie.
Es urgente dar la batalla. Más urgente es dar la explicación.


