La oscura gestión de los hidrocarburos de Áñez y Zamora
Desde el principio saltaron líos con los seguros, el cáterin o la compra de combustibles, pero lo más grave fue la renegociación del contrato de exportación de gas con Brasil
Casi un año y medio después, parece que empieza a tomar forma la primera denuncia por los hechos producidos en la gestión de Jeanine Áñez más allá de los escándalos de corrupción que en su momento, la misma prensa tantas veces cuestionada, sacamos a la luz.
En esta ocasión se trata de las decisiones tomadas en torno a la planta de amoniaco y urea de Bulo Bulo, que se mantuvo cerrada luego de haber solucionado algunos de los problemas técnicos que se presentaron a finales de 2019.
El delito que se imputa es el de conducta antieconómica, con una pena máxima de ocho años, por un daño estimado de 8.677.632 dólares. La acusación formal es contra del exministro de Hidrocarburos, el tarijeño Víctor Hugo Zamora, quien sigue en paradero “desconocido”, y el expresidente de YPFB, Herland Javier Soliz. Además, hay cuatro exfuncionarios de YPFB imputados: el exvicepresidente Nacional de Operaciones, Jorge Roberto Blancourt; el exgerente de Industrialización, Oscar Alberto Boutier; el exdirector de la Planta de Amoniaco y Urea, Carlos Manuel Segundo Vilar y el excoordinador de la Planta de Amoniaco y Urea, Ivert Fernando Oliva.
Lo cierto es que la planta de Bulo Bulo se convirtió en una especie de símbolo. Después de años criticando la primera planta verdaderamente de industrialización del país, que es la que convierte los líquidos separados en Carrasco en fertilizantes, lo importante para el Gobierno de Áñez era mantenerla cerrada, aunque los números evidentemente empiezan a mostrar que es un buen negocio, más en estos tiempos en los que la urea está por los cielos.
El propio ministro Zamora llegó a reconocer en una breve entrevista que era necesario reactivar la planta porque generaba ingresos y le daba salida precisamente a los líquidos separados, pero aun así la demora fue recurrente y en eso, se justifica una investigación que, en cualquier caso, debería ir más allá.
La gestión de Zamora al frente de los Hidrocarburos fue sustancialmente polémica. Desde el principio saltaron líos en el Ministerio y en YPFB por la contratación de los seguros, de los cáterin, de los vuelos y por la compra de combustible a precios verdaderamente desorbitados en momentos en los que se tocó mínimos por el impacto de la pandemia.
Aun así, lo más grave y probablemente el motivo de la huida de Zamora del país fue la renegociación del contrato de exportación de gas a Brasil, que se saldó con una adenda donde Petrobras reducía prácticamente a la mitad la obligatoriedad de compra y asumía todo el costo del transporte en el país, estimado en unos 100 millones anuales.
Ahora, nada de esto pareció importarle demasiado al MAS, que parece siempre tuvo vasos comunicantes con ese Ministerio y sus negocios pendientes: los obispos sostienen que Zamora fue propuesto precisamente como Presidente en aquella reunión de loa UCB de la zona sur.
Es necesario investigar a fondo la gestión de Áñez, desanudar algunos argumentos y desenmascarar a algunos embusteros. Tal vez si el MAS no hubiera perdido tanto tiempo en sus causas generales hoy tendríamos más luz y menos trampas en el escenario político nacional.


