Una agenda para la cohesión de Tarija

Tarija debe conseguir desarrollar políticas que fijen población en su territorio para frenar la despoblación acelerada de sus provincias y la masificación de su capital

Se acerca el 15 de abril y con ello, se desempolvan también las viejas promesas para con Tarija. Algunas llevan tantos años vigentes que se han convertido en una especie de broma de mal gusto, como la carretera al Chaco o el mantenimiento de la vía Canaletas – Entre Ríos, cuya transferencia a la ABC parece en vía muerta de nuevo, o como la renovación del aeropuerto Oriel Lea Plaza, uno de los pocos que no se tocó en los años de bonanza y que difícilmente tendrá una inversión justificable ahora.

Otras tienen sentido estratégico para el nivel central, como la planta petroquímica de Yacuiba, que lleva diez años prometiéndose sin avances mientras el gas se agota y nadie se atreve a plantear la necesidad de incursionar en la exploración no convencional.

Otras son ineludibles, pero igualmente ignoradas después de prometidas, como el anillo energético o la planta de tratamientos de aguas residuales de San Luis, o la avenida Ecológica, que viene a ser la circunvalación real que debe hacer la ABC para eludir el paso de camiones de alto volumen por Tarija y que tampoco avanza desde hace una década, cuando Tarija tenía recursos como para pretender construirla por sí misma.

Otros son prácticos: es evidente que después de construir los hospitales Materno Infantil y Oncológico requieren del equipamiento y los ítems necesarios para funcionar, pero no funcionan.

Todos tienen un componente en común: necesitan de la inversión del Estado para hacerse realidad, sin embargo, esta inversión no se concreta y tampoco parece que haya voluntad por concretarse: hasta la fecha no se ha registrado una reunión de coordinación de alto nivel entre el presidente Luis Arce y el gobernador Oscar Montes.

Los recursos no son los que eran, la Gobernación apenas puede dedicarse a tapar los huecos dejados por proyectos faraónicos del pasado, o por múltiples compromisos adquiridos en obras de pequeño tamaño y competencia municipal, y eso sí, tratar de coordinar esfuerzos de todas las instituciones públicas y privadas para desarrollar algunas prioridades.

En esto, toca acompasar los tiempos, racionalizar los esfuerzos y sincerar las necesidades. El Pacto Fiscal Departamental es una prioridad que debe vincular esas necesidades de desarrollo con las potencialidades departamentales, algo que va más allá de un simple reparto de recursos en función de la población existente. Esto se puede desarrollar en paralelo a que se concrete el nacional, algo que tampoco interesa al nivel central.

Tarija debe conseguir desarrollar políticas que fijen población en su territorio para frenar la despoblación acelerada de sus provincias y la masificación de su capital. Tiene el tamaño adecuado para lograrlo y pronto el censo nos dará más pistas. La Gobernación apuesta al desarrollo productivo, algo que hay que concretar en cadenas específicas con ambición y creatividad. Es tiempo de avanzar con lo que hay y no esperar que nadie venga a solucionar los problemas de los tarijeños. Es tiempo de cohesionar el departamento para crecer.


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