Reivindicar al padre

Los padres de hoy están cambiando el mundo: están educando a nuevas generaciones más dispuestas a compartir en pie de igualdad, aun con las limitaciones culturales adquiridas que muchas veces llevan a conflictos personales o familiares innecesarios

Reivindicar al padre en un país esencialmente machista es una tarea de responsabilidad con la sociedad y con el cambio positivo, algo que bien merece una reflexión en este día de festejo y algarabía, que además cae en sábado.

Padres hay de todos los colores, de los más afectuosos a los más secos; de los más permisivos a los más severos; de los que hablan con sus hijos y los acompañan en sus quehaceres a los que son una sombra permanente, pero lo que está claro es que padre es el que está.

Bolivia sigue siendo uno de los países de la región con mayor índice de embarazo adolescente, un fenómeno que tiene demasiadas aristas, causas y consecuencias como para reducirlo a simplificaciones, aunque en demasiadas ocasiones es el abuso el que está presente. Como sea, este alto índice de embarazos adolescentes tiene una repercusión inmediata en la conformación de familias, o más bien en la no conformación.

Un estudio reciente avalado por el Ministerio de Planificación indicaba que apenas el 45 por ciento de las familias son normalizadas, es decir, la que forman un padre, una madre y sus hijos en común, y que viene a ser la unidad habitual de consumo y claves en el desarrollo económico nacional en tanto son quienes compran viviendas, vehículos y otros enseres con mayor facilidad. El resto son o bien familias monoparentales, es decir, con una sola madre o un solo padre, que además se suelen quedar formando parte de la familia primigenia, es decir, la conforman abuelos, padre o madre, hijo o hija y cuyo poder adquisitivo es mucho menor; o bien, familias conformadas por un padre y una madre con hijos anteriores al nuevo matrimonio, y que por tanto tienen obligaciones económicas con al menos dos unidades familiares.

En este tipo de estudios, la figura del padre se sigue reduciendo a su rol de suministrador de recursos materiales para las familias – una, dos, tres –, y de algún modo, protección, y por eso se suele juzgar el buen o mal desempeño de un padre y asumir la necesidad de una figura sustituta, mientras al margen quedan otro tipo de consideraciones que son necesarias precisamente para la estabilidad emocional de los niños y futuros adultos. Un rol que por lo general empieza a cambiar, pero que todavía cuesta aceptar abiertamente.

Los padres de hoy están cambiando el mundo: están educando a nuevas generaciones más dispuestas a compartir en pie de igualdad, aun con las limitaciones culturales adquiridas que muchas veces llevan a conflictos personales o familiares innecesarios, por ello es bueno reivindicar hoy en día a los padres amorosos – o la figura sustituta que sea – que han sostenido familias en momentos intempestivos y duros, pero también a los que simplemente los evitaron con su conducta leal y comprometida.

Es tiempo de las nuevas masculinidades, de ponderar mejor las virtudes y de ser capaces de dar pasos hacia una sociedad más igualitaria y con más valores. Que el día del padre no sea solo un día dedicado al consumismo, sino también a la reflexión. Ojalá tengamos pronto más y mejores padres.

Feliz día a todos ellos.


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