Gabriel Boric y las cosas de la izquierda americana

El plan de gobierno de Boric no nace tanto del acuerdo programático de los partidos que conformaron su alianza, sino que saldrá de la Asamblea Constituyente

Gabriel Boric ya es el nuevo presidente de Chile en ejercicio absoluto y como tal, ya ha empezado a recibir las presiones propias en un país, en un continente y en un tiempo político al que le gustan poco los cambios, especialmente cuando de lo que se trata es de conquistar derechos.

Los chascarrillos más habituales tienen que ver con su edad – es el presidente más joven de América con 36 años -, pero a la vez, hay un llamado general entre la corporación mediática chilena para “rebajar expectativas” respecto al próximo gobierno, una insistencia impropia en decir que una cosa son las campañas y las elecciones y otra la política real, la Casa de la Moneda, las obligaciones del cargo, el papel de Chile en el mundo, etc., etc.

En realidad - advierten desde las filas de los partidos que componen el nuevo gobierno, que es en realidad un esfuerzo por concertar visiones diferentes y sumar progreso y desarrollo social en Chile -, el mensaje reiterado busca restarle desde ya popularidad a Boric y presentarlo como una decepción incluso antes de que haya tomado siquiera su primera decisión. Ya hay críticos, incluso en la izquierda, que así se han manifestado solo por la configuración del gabinete.

Lo cierto es que Boric ha ganado holgadamente la segunda vuelta y todos aquellos que lo hayan seguido tienen muy clara la idea que plantea para el país, literalmente la cuna del neoliberalismo en el continente y la niña mimada del imperio anglosajón. Boric habla de un Chile plurinacional, donde todas las clases sociales se encuentren y tengan la capacidad de disfrutar de un estado del bienestar acorde, donde haya igualdad de oportunidades y solidaridad, aunque bien es cierto que en apuntes concretos apenas se ha comprometido a una reforma de las pensiones inmediata que garantice la dignidad de los mayores.

Y es que en realidad el plan de trabajo de Boric no nace tanto del acuerdo programático de los partidos que conformaron su alianza, junto a las concesiones a la socialdemocracia clásica, sino que saldrá de la Asamblea Constituyente que debe parir un nuevo texto constitucional antes de fin de año. Darle forma a eso es la principal misión del nuevo Presidente chileno.

Mientras tanto, la izquierda latinoamericana también espera verlo en la escena continental de una forma más decidida de lo que lo hicieron sus antecesores, incluidos los de la Concertación. Boric ha trazado líneas divergentes con los regímenes más populistas como Venezuela, pero no tiene dudas en la necesidad de una mayor integración para construir un continente más solidario y más social con sus pueblos, que puede estar ante una oportunidad histórica si finalmente este año se concretan las victorias que prevén las encuestas de Petro en Colombia y Lula en Brasil.

La expectación por saber cómo cuajará este nuevo sujeto político en la realidad Sudamericana es alta, pero nadie debe ponerse nervioso, es tiempo de dejar actuar y acompañar. Algo puede estar cambiando para siempre en el continente más desigual de la tierra.


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