Rusia, Arce y la trampa de la inflación
Si se deben destinar los pocos recursos que quedaban en subvencionar el carburante y además escasea el pan y el aceite, lo más probable es que se vengan nuevos episodios de descontento social
La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha metido al presidente Luis Arce en una trampa muy poco amable, y no por las cuestiones diplomáticas, que se vienen manejando con los pies en la ONU y en las fronteras, sino por lo que va a implicar a nivel económico.
Luis Arce fue elegido presidente en medio de una pesadilla pandémica sin precedentes y con una sola premisa: devolver el estado de felicidad económica anhelado – que era distinto al real – en el que el Movimiento Al Socialismo dice que ha gobernado 15 años. Sí, Arce jugó la carta de la estabilidad aun obviando los últimos años en los que la caída del precio de los hidrocarburos y la mala gestión de las coyunturas empezaron a eliminar plusvalías y aderezos con los que se ha movido el régimen desde la nacionalización.
El Gobierno ha tomado algunas medidas para tratar de frenar el desabastecimiento ya previsto de algunos productos estratégicos y ha previsto incrementar la siembra de trigo con Emapa para tratar de garantizar la harina en 2023, pero desde ya, los recelos son grandes y los precios en los mercados están disparados.
La cuestión es que Ucrania había sido el principal productor de aceite de girasol y junto a Rusia producen el 25 por ciento del trigo del mundo, y los mercados ya han reaccionado con locura y ambición, haciendo acopio desproporcionado y poniendo en apuros a las cadenas de distribución, pero como además no se prevé un conflicto corto, lo probable es que estas cadenas cambien, afectando entonces sí a la provisión en el mercado local.
Europa, ese mercado de alto poder adquisitivo y baja producción, es el principal afectado, y ya mira a Brasil y Argentina para importar aceites y harinas, aunque en ocasiones suponga hacer la vista gorda sobre las normas de los organismos modificados genéticamente.
El Gobierno ya va a ser duramente golpeado por el incremento de la subvención a los carburantes, que fácilmente se va a llevar 2.000 millones de dólares con el barril sobre los 120 dólares a poco que se alargue el conflicto bélico y, después, las tensiones entre Rusia y Occidente. Así, si Arce debe destinar los pocos recursos que le quedaban para “florituras” en subvención y además escasea el pan y el aceite, lo más probable es que se vengan nuevos episodios de descontento social y de movilizaciones, que en el caso de Bolivia nunca se sabe dónde terminan.
La receta para evitar estos problemas del mercado mundial es evidente y es la que están aplicando todos los países, de nuevo, como ya hicieron durante la pandemia, mientras nuestro estado socialista mira para otro lado: Proteger el empleo, cuidar las fronteras, incentivar la producción nacional, alimentar la autosuficiencia…, pero evidentemente esto es algo que había que haber alimentado antes, y no entre urgencias.


