Deshacer las roscas judiciales
El Gobierno sabe bien que ha tocado un nudo gordiano de la famosa “gobernabilidad”, y que una vez iniciado el proceso de purga, no hay marcha atrás, no puede quedar una, o habrá venganza
Es aún pronto para evaluar el desempeño de la Comisión Interinstitucional creada al fragor de la indignación para investigar los procesos de feminicidio y violación que, por causas no divinas, habían ido quedando impunes en todo el territorio. Es pronto porque se supone no era solo una Comisión para aplacar la indignación ni un gesto para mostrar resultados en el 8M, sino un trabajo en serio para evaluar el estado de putrefacción de la Justicia, y corregirlo.
En cualquier caso, hasta el momento y por lo que va trascendiendo, hay una secuencia de nombres, de cargos y, sobre todo, de modus operandi que se van repitiendo, y que aunque todo esto fuera vox populi, se empieza a poner negro sobre blanco.
De momento está quedando al descubierto que la corrupción actúa a todos los niveles y desde el primer momento en el que hay caso, incluidos los penales, que es lo novedoso en todo esto, pues hasta hace poco se creía que la corrupción en los estrados tenía que ver con los negociados políticos o empresariales. La cuestión es que el truco pasa por demorar todo lo posible un procedimiento detrás de otro, hasta que las familias se agotan y se pierde el foco de la atención.
Sea cual sea el resultado de la audiencia cautelar, que también se negocia, lo importante después es no llegar a juicio a como de lugar, porque en cuanto pasan los meses empiezan a operar las famosas audiencias de revisión de medidas y acciones de libertad, que les permiten a las roscas ganar a uno y otro lado en función de un veredicto.
Cuando finalmente se llega a juicio y hay sentencias, la cuestión es apelar y que “se vaya a Sucre”, porque entonces otra vez hay decenas de posibilidades de meter amparos y acciones de cumplimiento, de que las familias se agoten y abandonen, o de que un juez amigo haga la vista gorda.
Después, una vez que hay sentencia firme, de poco sirve el buen comportamiento. Lo importante entonces es encontrar deficiencias de salud y gente que lo justifique para poder recobrar la libertad.
En general, todo es un proceso en el que importa la plata y el tiempo. Pero en todo el proceso intervienen, sobre todo y más allá de los abogados, que son de parte, jueces y fiscales que son de todos, y que sin embargo se prestan al juego de las chicanas, que son algo más que chicanas.
En estos días hemos visto ya de todo: feminicidas, violadores en serie, parricidas, de todo, unos libres, otros fugados. También es verdad que se están revisando los casos y que se está señalando a culpables, que se están rompiendo roscas y que se está desbaratando la posibilidad de animar a que siga pasando. La transparencia es imprescindible, y la facilidad para hacer denuncias y que estas lleguen a donde tienen que llegar, también.
Ahora, el Gobierno sabe bien que ha tocado un nudo gordiano de la famosa “gobernabilidad”, y que una vez iniciado el proceso de purga, no hay marcha atrás, no puede quedar uno, ni en Sucre ni en cada departamento, por el bien del país, pero también, porque si han quedado cabos sueltos, habrá venganza.


