Sin noticias de la petroquímica

El mundo entero se ha comprometido a acabar con el plástico desechable, lo que constituye una oportunidad para la nunca arrancada inversión del Chaco, que tiene posibilidad de adaptarse

Se cumple otra semana más sin noticias de la planta petroquímica del Chaco, una vieja promesa electoral utilizada por casi todos los gobiernos a todos los niveles pero que no avanza desde marzo de 2017, el mes en el que se redactó el informe de adjudicación de la construcción de la misma en favor de la alianza entre la empresa Tecnimont – la que había hecho todos los cálculos previos – y Técnicas Reunidas – la que construyó la planta separadora del Chaco que suministraría la materia prima -.

Como sonaba a, mínimo, acceso a información privilegiada, y YPFB estaba descabezada por otras compras dudosas del entonces presidente Guillermo Achá, que acabó en la cárcel – aunque para variar no tardó en salir a una detención domiciliaria en un proceso que no avanza -, el Ministerio de Hidrocarburos de entonces decidió suspender todo el proceso. Después se convocaron un par de estudios más para analizar tecnologías y auditar el propio proceso, y finalmente todo quedó en una nebulosa tras las advertencias del ministro de entonces, Luis Alberto Sánchez, de no gasta “un peso” hasta que ni hubiera ninguna duda de que las licencias propuestas, es decir, la tecnología seleccionada, era la adecuada.

Probablemente tomó la mejor decisión en aquel momento, pero pasado el tiempo, está claro que la coyuntura le empieza a perjudicar demasiado a la propia concepción de la planta, aunque también ha eliminado algunos prejuicios.

El gas ha sido indultado en la agenda sumarísima del clima de París y se entiende como un combustible de transición que se seguirá utilizando porque, supuestamente, no es tan perjudicial para el calentamiento global. Esto implica seguir utilizando también sus propiedades, que ya habían superado la discusión sobre su efectividad en la industria del plástico.

Ahora, el mundo entero se ha comprometido a dejar de utilizar plástico desechable, lo que necesariamente implica un cambio en la concepción de la planta petroquímica orientada a productos finales más verdes y más duraderos, lo que convierte la demora en una nueva oportunidad, más ahora que todo el mercado hidrocarburífero está dando un vuelco luego de las odiseas expansionistas de Putin en Ucrania.

Lo que no es razonable es no hacer nada. Tarija es un queso gruyere, y se han invertido casi 900 millones de dólares en una planta separadora de líquidos que no sirve nada más que para producir GLP, con todo el mercado nacional ya cubierto y pocos mercados para vender en los alrededores. No se puede no hacer nada.

El Gobierno nacional tiene que tomar determinaciones respecto a la tarea de la exploración petrolera y sus técnicas, asumir responsabilidades en la cadena, establecer reservas estratégicas y, por último, actuar en consecuencia. En un mundo cambiante, no hay mucho tiempo para dudar ni para esconder la verdad, porque más temprano que tarde llega. Es tiempo de sacar rendimientos y completar la inversión.


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