No sin mujeres

Es necesario poner pie en pared y empezar a exigir sensibilidades diferentes en la gestión de la cosa pública, más en un momento en el que el mundo parece caminar irremediablemente hacia su destrucción por calentamiento, en medio de interminables crisis pandémicas y hostilidades bélicas

Resulta curioso que en un momento de máxima efervescencia social y con las mujeres conquistando derechos en todo el mundo, en Bolivia se siga disolviendo su protagonismo político en dinámicas cada vez más machistas y donde las mujeres parecen haber retrocedido varios estadios, una realidad que requiere algo más de una reflexión, sino una intervención

Hoy es 8 de marzo, lo que desde siempre fue el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y al que últimamente las Naciones Unidas le han quitado el apellido y lo han convertido en una especie de lluvia de datos sobre violencia de género – que ya tiene su día – y otros aspectos sociales, pero va olvidando de a poco la perspectiva laboral, que desde siempre es el meollo de la desigualdad y la piedra fundamental sobre la que se construye el patriarcado.

En Bolivia la brecha salarial es menos “sensible” en tanto el empleo formal está más regularizado, como por ejemplo en los bancos o en el sector público, donde las mayores diferencias se establecen en el acceso, y el informal parece ser una especie de estilo de vida ineludible, que reproduce modelos sin cuestionarse otras alternativas.

Para corregir estas desigualdades existe la política, pero hace tiempo que ese ámbito es también de complejas sutilidades que, como si nada, van relegando a las mujeres a puestos cada vez con menos responsabilidad, cuando no meramente decorativos, como las vocerías.

La presidencia de Jeanine Áñez pudo ser un hecho anecdótico marcado por el criterio de oportunidad que surgió en aquella mesa netamente masculina conformada por obispos, embajadores y políticos de larga data en la zona sur, pero lo cierto es que estuvo ahí. La contraparte del MAS, en el peor momento de su historia, curiosamente estaba representado por dos mujeres, Adriana Salvatierra y Susana Rivero, aunque nunca hubo ninguna en el núcleo duro del Gobierno de Evo Morales. En esa extraña transición que ahora nadie quiere poner en valor tomó dimensión otra mujer en el legislativo, Eva Copa, y otra en el Tribunal Supremo de Justicia, Cristina Díaz, que mantuvo un orden institucional complejo en esos días de tantas pasiones desatadas.

Tampoco parece haber mucho espacio en el Gobierno de Luis Arce, donde la ministra de la Presidencia María Nela Prada es permanentemente cuestionada como no lo hubiera sido nunca su antecesor, el “duro” Juan Ramón Quintana, y todos los cargos de vocería o de ministerios duros (economías, gobierno, justicia, exteriores, obras públicas, salud, educación, etc.,) son dirigidos por hombres.

No hay gobernadoras mujeres.

En Tarija la situación es prácticamente la misma que en la anterior gestión. Una alcaldesa electa en la zona alta, Sara Armella en El Puente, y una subgobernadora también electa en Villa Montes, Karen Sánchez. La designada en Cercado, Carolina Arellano, ya renunció, y en su despedida se dejó entrever algo así como que debía hacerse cargo de “sus cosas”.

En la Gobernación, la reducción de carteras y el afán del gobernador de copar toda la vocería ha dejado casi sin espacio a nadie, incluso a un activo consolidado y fiable como María Lourdes Vaca y ni qué decir de una vicegobernadora electa como Maya Soruco, cuyo papel se ha limitado a la nada. En el Gobierno Municipal de Cercado, aunque los hilos los mueva Lorena Terzo, los hombres mandan.


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